La energía limpia que viene del mar

Éxito de la primera central comercial que produce electricidad con las olas | La planta de Mutriku, en Guipúzcoa, genera para el consumo de 600 personas

Temporales, un recurso renovable. Los fuertes oleajes han sido tradicionalmente un problema para Mutriku, mientras que ahora suponen una nueva fuente de energía

Es una mañana soleada en Mutriku, una pintoresca localidad guipuzcoana cuya escarpada geografía circular parece un anfiteatro romano que mira al mar. El nuevo dique de abrigo del puerto actúa como un enorme parapeto que defiende los barcos de los temporales que suelen azotar la costa. Ahora, recorriéndolo, el mar da una tregua, pero eso no impide que las olas entren y salgan de las cavidades de la plataforma con la suficiente fuerza como para producir electricidad bajo nuestros pies. La instalación energética de Mutriku es la primera planta comercial europea que aprovecha la energía de las olas para producir electricidad.


Existen experiencias anteriores que utilizan esta misma tecnología en las islas Azores y en Escocia; pero la de Euskadi es la primera central comercial conectada a la red eléctrica.

Inaugurada en julio del año pasado, la planta undimotriz de Mutriku produce electricidad con la fuerza del oleaje e inyecta la energía directamente en la red para su consumo.

"Existen diversas tecnologías para aprovechar la energía del mar. La energía de las mareas requiere un determinado desnivel, y no lo tenemos. Tampoco disponemos de corriente marinas. Pero vimos que el País Vasco tenía un buen potencial para aprovechar la fuerza de las olas", dice Gloria Echevarría, técnica del Ente Vasco de Energía, adscrito del Departamento de Industria, que ha promovido la instalación.

La planta utiliza la tecnología denominada columna de agua oscilante, considerada la tecnología marina más avanzada y madura de las existentes en el mercado. La inversión total del proyecto ha sido de 6,7 millones de euros, de los cuales 2,3 millones correspondieron a la planta undimotriz y el resto, a la contundente obra del dique de abrigo.

La instalación consta de una serie de cámaras (con 16 turbinas) insertadas en el interior del dique, con cavidades expuestas al oleaje. Cuando la ola alcanza el dique, el agua presiona de forma ascendente el aire de estas cámaras, de manera que sale a presión por el orificio superior hasta alcanzar una turbina, que gira e imprime el movimiento necesario para generar la electricidad. Del mismo modo, cuando se retira la ola, el aire es succionado y también produce un movimiento giratorio en la turbina que, conectada a un generador, produce energía eléctrica. El vaivén del aire hace que las olas nunca estén en contacto ni con las turbinas ni con los generadores eléctricos. Las dieciséis turbinas (296 kW) son capaces de producir unos 600.000 kWh anuales, lo que equivale al consumo de aproximadamente 600 personas.

Recorriendo el interior del dique, la irrupción de las olas produce un sonido ensordecedor. "Tuvimos que aislar bien las cámaras porque algunos vecinos se quejaban", dice Echevarría. El azote del oleaje es en ocasiones tan fuerte que en el mes de noviembre el mar arrancó de cuajo la puerta del centro de control desde donde se hace el seguimiento de las operaciones. "No son extrañas olas de seis metros, pero las olas de tres metros son lo ideal", dice Echevarría. La instalación de Mutriku se ha convertido en el emblema de los intentos del Gobierno vasco de fomentar las energías renovables.

"Queremos desarrollar las fuentes limpias, aunque en nuestro territorio no podemos alcanzar la meta europea del 20% de la energía primaria con fuentes renovables en el 2020 por las limitaciones orográficas en el sector eólico", dice Bernabé Unda, consejero de Industria vasco. Los obstáculos puestos por grupos ciudadanos han hecho además que en cuatro años apenas se haya desarrollado la energía eólica. Tan vez por eso, buena parte de las expectativas están ahora en el mar. "La energía de las olas está en la misma fase de desarrollo en que se encontraba la eólica hace treinta años. Se ha pasado de los prototipos a las primeras pruebas comerciales", valora Josep Puig, profesor de Energía de la UAB.