Una joven catalana lucha en la Antártida contra la caza de ballenas

Eva Hidalgo, de tan sólo 22 años y miembro de Sea Shepherd, intenta impedir la captura de estos cetáceos a manos de los balleneros japoneses

Eva Hidalgo a bordo de uno de los buques de Sea Shepherd Bárbara Veiga

La joven catalana de 22 años, Eva Hidalgo Bárbara Veiga

Una año más, la organización ecologista norteamericana Sea Shepherd aúna todos sus esfuerzos para evitar que los balleneros japoneses capturen cientos de ballenas en aguas de la Antártida. A pesar de que la caza de este cetáceo está prohibida desde 1986, los japoneses la siguen practicando. Argumentan fines científicos para justificar sus acciones.

Pues bien, este año (y también el anterior) una joven catalana de tan sólo 22 años, Eva Hidalgo, forma parte de los miembros de este grupo ecologista que intenta evitar la caza indiscriminada de estos mamíferos. Es la octava campaña de esta organización en la pelea por impedir la captura de ballenas en aguas antárticas a manos de barcos nipones. El objetivo final es claro: obligar a Japón a suspender la temporada anual de capturas (tal y como consiguieron hacer en febrero de 2011 cuando los balleneros volvieron a casa dos meses antes de lo previsto por las presiones recibidas in situ).

Fue en 2010 cuando la joven Eva, estudiante de biología y única tripulante española en la campaña de Sea Shepherd en la Antártida, entró por primera vez en contacto con la institución ecologista. En agosto de aquel año, un barco de la organización atracaba en el puerto de Barcelona y requería voluntarios para hacer visitas guiadas, en catalán y castellano, con el fin de mostrar su buque. La joven, ansiosa por ayudar a un grupo que defiende algo que ella ama, la naturaleza y los animales, rápidamente se ofreció para el puesto.

Inmediatamente, el carácter y la motivación de la catalana cautivaron a la organización. Y el regalo no se hizo esperar. Cuatro días antes de abandonar Barcelona para poner rumbo a Australia, le ofrecieron unirse a ellos. "En sólo cuatro días tuvo que tomar una decisión. No dormía por las noches", relata a LaVanguardia.com su madre, Carme Pla. "Egoístamente, le habría dicho que no se fuera. Pero, por otra parte, si le decía que no, le estaba robando una experiencia que para ella podía ser fantástica. Lo pasé fatal, fueron cuatro días horrorosos. Al final, con mi marido, decidimos no involucrarnos. Era su vida", añade.

Después de darle muchas vueltas, Eva, finalmente, decidió unirse a la expedición de Sea Shepherd con destino Australia. En principio se trababa sólo de una experiencia de dos meses de duración. Pasado ese tiempo, volvería a casa. Pero la cosa se complicó. Tras su estancia en aguas australianas, los miembros de la tripulación le plantearon la posibilidad de navegar con ellos hasta la Antártida. Pretendían frenar, por séptima vez, la caza de ballenas a manos de pesqueros japoneses. Eva ni se lo pensó.

A partir de ese momento, las campañas se han ido sucediendo. Tras una breve estancia en Barcelona, después de vivir su primera experiencia en la Antártida, Eva participó en otra acción de Sea Shepherd en el Mediterráneo, contra la caza del atún rojo. Más tarde vendría otra aventura en las Islas Feroe.

Ahora, esta joven estudiante de biología se encuentra en aguas antárticas sumergida plenamente en su segunda campaña contra la caza de ballenas en esas latitudes. "Ellos no llevan armas. Tienen unos cañones de agua que les regalaron los bomberos de San Francisco. Son muy antiguos pero tienen mucha potencia. A los japoneses les tiran agua, o se ponen en la cola de sus pesqueros para que no puedan usar los arpones para matar ballenas, o les lanzan bombas fétidas… Ellos no son un peligro. Lo que me da miedo es que los japoneses reaccionen. Sobre todo este año, que tienen gente armada a bordo. Me da más miedo", relata Carme.

Tal y como explica la progenitora de Eva, la campaña en la Antártida se ha recrudecido este 2012. Algunos componentes de Sea Shepherd han resultado heridos (no de consideración) en alguna de las acciones que han llevado a cabo contra los pesqueros nipones. Japón se ha gastado este año 22 millones de euros adicionales en mejorar la protección de los tres balleneros que tiene en el Polo Sur.

Valiente y activa


La joven Eva se ha ganado a los miembros de Sea Shepherd con su valentía y su motivación. "Imagínate cómo tiene que ser una persona para enrolarse en una aventura así", explica Víctor, hermano de la protagonista. "Es muy lanzada, muy abierta. Rápidamente conectó con todo el mundo. Es muy activa y muy nerviosa, en el sentido positivo. De ir arriba y abajo sin parar. Se compromete mucho con lo que hace, con lo que le gusta", esgrime.

En poco más de año y medio, la barcelonesa se ha convertido ya en un miembro fijo de la organización, a pesar de las dificultades que ello conlleva. Y es que son muchos los voluntarios que tiene Sea Shepherd a lo largo y ancho del mundo. Algunos de ellos, y de forma rotativa, tienen la oportunidad, y la suerte, de hacer estancias de uno o dos meses en alguno de sus buques. Eso es lo que pensaba Eva que iba a hacer.

Esta estudiante de biología, sin embargo, se ha hecho con un rol fijo dentro de la organización. Más allá de las atenciones diarias que requiere un barco, en las que ella también participa, la catalana es, juntamente con el piloto, la encargada del mantenimiento del helicóptero que tiene el grupo ecologista a bordo.

Cabe matizar que Eva no recibe ningún sueldo por su contribución a la causa de Sea Shepherd (una organización que se sustenta a través de la donaciones de terceros); pero la experiencia que está acumulando no tiene parangón.

"Es la heroína del barrio"


Originaria del barrio de la Prosperitat, del distrito barcelonés de Nou Barris, Eva ya se ha convertido en un referente para sus vecinos. "En el barrio nos conocemos todos, es como un pueblo. La primera vez que vino, le hicimos una fiesta. Es la heroína del barrio", relata Víctor Hidalgo.

Todos siguen sus andanzas. Su madre, evidentemente, la primera. "Estoy todo el día enganchada a Internet. Miro la página que tienen (Sea Shepherd) donde explican, casi cada día, lo que están haciendo. Que si ahora han tenido una reyerta con los japoneses, que si ahora están haciendo esto o lo otro… Estoy todo el día enganchada. Con Eva nos comunicamos por 'mail' más o menos una vez a la semana".

Futuro a corto plazo


Si los balleneros japonenses no se vuelven a casa antes de lo previsto, como sucediera el año pasado, la joven Eva, junto con sus compañeros, estará por aguas antárticas hasta finales de marzo. "Ella tiene muy claro que quiere seguir estudiando. Lo de ahora es como un paréntesis", puntualiza su madre. Eva dejó la carrera de Biología a medias para involucrarse en las actividades de Sea Shepherd.

Carme es consciente, sin embargo, que la experiencia que está acumulando su hija puede venirle muy bien de cara a su futuro laboral. "Le puede ayudar para, luego, encontrar trabajo. Gracias, sobre todo, a los contactos que está haciendo. Conoce gente en Nueva Zelanda, en Australia, etc.".

Sea como fuere, la familia Hidalgo se siente muy orgullosa de tener a uno de los suyos en la Antártida luchando por un fin tan encomiable. "Estamos muy orgullosos de ella. Siempre he tenido un sentimiento de miedo y a la vez de admiración. Es muy valiente", sentencia la madre de Eva.