"Que la gente se rebele es una señal de progreso"

Petros Márkaris, escritor; cuenta la crisis griega a través de la novela negra


Nací en Estambul en 1937 y vivo en Atenas. Mi padre me envió a Viena a estudiar Económicas, pasé cinco años maravillosos pero no abrí un libro de economía. Viudo con una hija. Vivimos en una sociedad dopada: hay que ser rico y exitoso, te dan créditos que no puedes devolver.

El comisario Koastas Jaritos no es un intelectual, es un hombre común que se rebela contra la situación que atraviesa su país: Grecia. Y dice verdades políticamente incorrectas. Su última novela, Con el agua al cuello (Tusquets), arranca con una cita de Brecht: "¿Qué es el atraco a un banco comparado con la creación de un banco?". Grecia al borde de la quiebra es el telón de fondo, el asesinado es un banquero y el asesino un tipo que cuelga carteles que rezan: "No paguéis vuestras deudas con los bancos. No paguéis las tarjetas de crédito. No paguéis los plazos de las hipotecas. No paguéis a los que nos han hundido. ¡No paguéis! ¡No pueden haceros nada!". Y explica cómo y por qué.

Usa usted a su comisario para contar lo que no va bien en Grecia.
Sí, y esta crisis me ha dado para una trilogía.

¿En qué se ha convertido la vida de los griegos?
Es una vida depresiva. El número de suicidios ha aumentado un 25%. Los griegos están furiosos contra su clase política, contra la troika (FMI, Banco Central Europeo y UE) y contra Alemania. Pero se olvidan de enfurecerse contra sí mismos.

Ya nadie cree ni en derechas ni en izquierdas.
No, porque el sistema político fue el que creó la crisis que durante treinta años ha hecho que vivamos en un mundo ilusorio de riqueza. Pero lo escogimos todos.

¿Hay alternativa?
Tras la caída de la junta militar Grecia fue gobernada por dos familias alternativamente, Papandreu y Karamanlis, y así destrozamos cualquier alternativa. Hoy estamos en una situación sin salida. Y lo que más temo es a un salvador de la patrias, que bajo estas circunstancias siempre aparece.

Sin vendas en los hospitales.
Sí, las empresas suministradoras han dicho basta porque el Gobierno no les paga. Y la mitad de los coches patrulla de la policía no funcionan y no hay dinero para repararlos.

Las consecuencias son graves.
Quienes más pagan los platos rotos son las pymes: el mercado se ha descompuesto, ya no hay clientes, los bancos no les conceden créditos, pero van teniendo nuevos impuestos y caen todas en la bancarrota.

"La policía griega colabora con la Comisión Europea pero presentando datos falsos", dice su comisario.
Los criterios del tratado de Maastrich eran tan elevados que todos los países maquillaron sus datos, incluso Alemania. Nosotros no fuimos los únicos, pero sí los únicos tan imbéciles como para decirlo públicamente.

¿Se sienten maltratados?
Nos sentimos perseguidos por todos, por el Gobierno, por la troika, por la UE. Los ciudadanos se aprietan el cinturón pero sin resultados. La troika defiende reformas estructurales que el Gobierno no lleva a cabo, lo que hace son recortes horizontales.

La pensión mínima está en 360 euros.
Sí, recortan el 25% de los salarios, la educación, la sanidad... Recortan y recortan, lo que ha conducido al país a una grave recesión. Desde la primera reunión la troika dijo, con toda la razón, que hay que eliminar 70 de las inútiles empresas públicas.

En 16 meses no se ha liquidado ni una.
El sistema público está totalmente corrupto. Es un sistema clientelar creado por los políticos que se resisten a tocarlo, empresas publicas que están ahí simplemente para que las personas que pertenecen al partido del poder recojan pingües beneficios.

¿Los griegos deben salir del euro?
Nos encontramos frente a un laberinto. Nadie te fuerza a introducirte en él, pero una vez estás dentro ya no puedes salir. Yo defendí la entrada en el euro, pero hoy...

¿Piensa que fue un error?
Sí. La economía griega era una economía de pymes para las que el euro era demasiado costoso; sin embargo, era muy barato para obtener créditos. Esta contradicción es la que nos ha arruinado.

Estando a la cola comparten situación con España, Portugal, Irlanda, Italia...
Perdóneme, pero nosotros somos la cabeza del cerdo, en eso sí somos los primeros. Para los mercados financieros estos países somos los Piiggs (acrónimo en inglés de Portugal, Irlanda, Italia, Grecia, Gran Bretaña y Spain), los países europeos cuya economía se ha visto más afectada por la crisis y con los mayores déficits presupuestarios.

Mala solución tiene...
Es necesario un nuevo enfoque político, pero estamos gobernados por gente muy mediocre, incapaz de gestionar la crisis.

Hay movimientos ciudadanos que proponen no devolver créditos, no pagar.
Eso dice mi asesino: "¡No paguéis!". Pero los griegos no pagan porque ya no tienen ni un duro. En Gran Bretaña, Cameron ha tenido que pedir a la gente que pague sus deudas y las de las tarjetas de crédito, porque se han rebelado. Esta es la lección que nos da la historia: la gente siempre acaba reaccionando.

¿Adónde nos lleva este boicot?
El hecho de que la gente se rebele ya de por sí es una señal de progreso, pero no hay un partido capaz de aglutinar y responder.

¿En qué mundo vamos a vivir?
Similar al que hubo tras la Segunda Guerra Mundial pero sin plan Marshall. Los europeos no quieren aceptar que esta es una reacción en cadena, perdieron la oportunidad en el 2005 con la crisis monetaria.

...
Se puede resolver con un nuevo concepto, pero no lo tenemos, sólo recortar y recortar, y eso no está muy lejos de lo que dijo Thomas Hobbes: "Las guerras son una gran ayuda porque tanta gente se muere que el sistema puede permanecer".

Hay quien se enriquece en las crisis.
Creo que es una reacción en cadena: cuanto más protegidos estén por el sistema, más bajo caerán. La mayoría siempre arrastra a la minoría hacia el desastre. La minoría nunca rescatará a la mayoría, es una regla física.

¿En su próxima novela el comisario será un sin techo?
El gran problema será su hija, doctorada y con másters pero sin trabajo.

La Vanguardia