Homeopatía: ¿Fármacos sin contraindicaciones o placebo?


Cada vez más médicos aconsejan el empleo de estos medicamentos que se distinguen por contener una dosis infinitesimal de un principio activo. Pero ante la falta de estudios concluyentes se asoma la pregunta: tras diluir tanto una sustancia, ¿eso que tomamos tiene más poder terapéutico que un vaso de agua?


Homeopatía: ¿Fármacos sin contraindicaciones  o un simple placebo?
David Ruipérez

¿Es la homeopatía una fuente de medicamentos eficaces para multitud de patologías y sin efectos adversos? O, por el contrario, ¿se trata de un simple placebo, unas bolitas de azúcar que nos hacen mejorar por nuestro propio convencimiento de que tienen efecto terapéutico? La sociedad española y la comunidad médica se dividen entre seguidores o detractores de la homeopatía. También es grande el grupo de los ignorantes, pues a diferencia de países como Francia, Reino Unido o Alemania, en España existe un gran desconocimiento sobre el método terapéutico desarrollado hace dos siglos por el médico alemán Samuel Hahnemann. El concepto es sencillo: administrar al paciente una dosis mínima (infinitesimal) de una sustancia que en dosis elevadas conduce a la enfermedad, pero que en esas concentraciones tan inapreciables tiene un efecto curativo. Según un estudio aún no hecho público de los laboratorios Boiron, al 90 por ciento de los españoles le «suena» la palabra homeopatía, pero sólo seis de cada diez acierta a decir en qué consiste y un 20 por ciento de los encuestados lo asocia a algún tipo de masajes. En regiones próximas a Francia, como Cataluña, País Vasco o Navarra están más familiarizados con este concepto.


En España, unos 5.000 médicos emplean la homeopatía con sus pacientes, el número no deja de crecer y algunas universidades ofrecen esta formación especializada. Lejos de terapias estrambóticas, «chamanismos», remedios de herboristería o «de la abuela», lo que resulta innegable es que facultativos serios defienden estos medicamentos, que éstos se dispensan en farmacias y que los sistemas sanitarios de países de nuestro entorno incluso los financian. Su fabricación cumple los estándares de asepsia y calidad de cualquier laboratorio de una planta química. Pero, con todo, no queda resuelta la gran incógnita: ¿funciona? Si el 1 por ciento de una sustancia natural se diluye en agua con alcohol una y otra vez (ver infografía) hasta conseguir un grado de concentración ínfimo, ¿tiene el poder de tratar el asma, la depresión o un problema en la piel (distintas sustancias en distintas concentraciones para cada problema, claro)? Y muy importante: ¿sin efectos secundarios ni contraindicaciones?.

La actitud del médico


Para Edzard Ernst, uno de los pioneros en la medicina alternativa en el mundo, profesor de la Universidad de Exeter (Reino Unido), «los remedios homeopáticos no tienen efecto más allá del placebo, Los datos obtenidos en ensayos clínicos hablan muy claro. Sin embargo, la consulta con un médico que empatiza con el paciente sí tiene un efecto terapéutico, pero no es el fármaco, sino la actitud del profesional que lo prescribe». Así, un reciente estudio, por ejemplo, detectó una mejora en enfermos de artritis debida no al fármaco, sino a la atención médica del homeópata, más centrado en el paciente que en su enfermedad, con una exploración más concienzuda, etcétera. Por su parte, Mª Dolores Tremiño, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Homeopática y miembro de la Junta Directiva del Colegio de Médicos de Valladolid, con una amplia experiencia en este campo, explica que «cada vez hay más ensayos clínicos que demuestran sus efectos, pero si no funcionara, si los pacientes y los médicos no comprobaran sus beneficios en la práctica clínica, simplemente no se usaría. Nadie pierde tanto tiempo estudiando este campo si fuera algo inútil. Los medicamentos homeopáticos son eficaces en niños con problemas respiratorios, asma, otitis o rinitis. En adultos también los empleamos en artritis, artrosis, gastritis, ansiedad… y sin efectos secundarios ni adicción. Pero no todo es susceptible de curarse con homeopatía, si tengo delante un paciente diabético le daré insulina, y en el caso de las patologías psiquiátricas he mencionado la ansiedad o la angustia, no una esquizofrenia o un trastorno bipolar».


La llegada de ensayos clínicos más importantes arrojará un poco más de luz sobre su posible eficacia. En Francia, se lleva a cabo actualmente uno con 8.500 pacientes que compara el empleo de fármacos convencionales con el uso de medicamentos homeopáticos o la combinación de ambos para enfermedades respiratorias, musculoesqueléticas y también para la depresión y la ansiedad. Los partidarios de la homeopatía esperan que un ensayo con tal volumen de pacientes suponga ese aval científico que muchos reclaman y no ven en los estudios publicados hasta el momento. Pero mientras tanto, personas como el catedrático de Farmacología y farmacólogo clínico de la Clínica Universidad de Navarra, Jesús Honorato, insiste en que «no he visto ningún ensayo concluyente que diga que la homeopatía es mejor que un tratamiento normal y corriente y nos debemos regir por la evidencias y conclusiones a las que se llega empleando el método científico actual».

¿Llega al foco de la infección?


«Además, –prosigue– para que un medicamento haga el efecto buscado, éste tiene que llegar a una zona del cuerpo en concentración suficiente y permanecer allí el tiempo necesario. Por ejemplo, si administramos un antibiótico para una infección cerebral hay que hacerlo llegar al cerebro y en concentraciones suficientes para que sea capaz de matar a la bacteria que provoca la infección, con esas cantidades infinitesimales de la homeopatía no creo que eso ocurra. Hay un efecto placebo, que se ve reforzado si el médico homeópata dedica más tiempo, explica al paciente lo que le va a administrar, cómo funciona, etcétera, algo complicado en una consulta de Atención Primaria donde el médico sólo dispone de 4 minutos para atender a un enfermo».


El médico de familia José Ignacio Torres, del Centro de Salud Gamonal Antigua de Burgoscontrapone que un estudio realizado por él mismo en su centro refleja «resultados positivos en el 70 u 80 por ciento de los pacientes a los que se administró homeopatía, que representan un 25 por ciento de los que acuden a la consulta.

Respecto al mecanismo de acción, es cierto que no sabemos exactamente cómo funciona, pero eso ocurre también con muchos medicamentos convencionales, por ejemplo, se usan betabloqueantes para las migrañas y no se sabe por qué este grupo de fármacos también tiene esa acción. O más sencillo, ¿por qué el paracetamol quita el dolor?».


Torres aboga por enfocar el mecanismo de acción desde otro ángulo. «Creemos que el mecanismo de acción es energético, no químico. Un físico nuclear entendería mejor su funcionamiento que un médico. Pruebas de laboratorio han demostrado que los tubos de gránulos en distintas concentraciones son diferentes desde el punto de vista físico y por eso tienen una acción diferente según el grado de dilución», concluye.

La memoria del agua


Hace menos de un año, el Premio Nobel de Medicina y co descubridor del virus del sida, el francés Luc Montagnier, concedió una entrevista a la revista «Science» en la que habló abiertamente de la homeopatía. Actualmente su línea de trabajo se centra en que «el ADN produce unos cambios estructurales en el agua, que persisten en diluciones muy altas y eso se traduce en señales electromagnéticas que podemos medir». ¿Eso quiere decir que esa «memoria» del agua explica el efecto de la homeopatía? Montagnier aseguró en «Science» que «no puedo decir que la homeopatía lleve razón en todo, pero sí puedo afirmar que las diluciones son correctas, que existen estructuras en el agua que imitan las moléculas originales. Esto no es pseudociencia, son fenómenos reales que merecen ser estudiados».


Otro experto con visión crítica es el catedrático de Pediatría y Puericultura y ex presidente de la Asociación Española de Pediatría (AEP), Alfonso Delgado. «Hace tiempo que me preocupa el incremento que está teniendo la homeopatía en la práctica médica-afirma-. Durante mis 11 años al frente de la AEP quise que estos temas se discutieran en nuestros congresos para intentar arrojar luz sobre estas terapias y nunca conseguimos que los pediatras que la utilizan acudieran para defender sus puntos de vista. El hecho de que en algunos países desarrollados se utilice tanto y que se imparta en algunas universidades merece un cierto respeto, pero pienso que fundamentalmente tiene un efecto placebo. Por otra parte, vivimos en una época en la que el ecologismo, tanto verdadero como el pseudoecologismo, son especialmente atractivos a los ojos de la sociedad, pero ningún estudio científico serio y controlado requiere que apoye la homeopatía».

En deportistas


Ante las acusaciones de que los fármacos homeopáticos no son más que agua, una sustancia inocua sin efecto para la salud, los partidarios de este método (que, por cierto, cada vez toman más deportistas, pues no hay riesgo de dopaje) dejan en el aire una cuestión. ¿Un bebé puede curarse porque se le administre una bolita de sacarosa, puede darse esa reacción en un lactante? ¿Y en un animal, que ingiere lo que le pongas en su comida sin saber si toma un antibiótico o una dilución homeopática? En ellos no existe el efecto placebo.

Un ejemplo ilustrativo


Marie-France Bordet, directora de Investigación de Boiron, pone un ejemplo que ayuda a entender cómo es un procedimiento habitual al enfrentarse a una dolencia con un medicamento homeopático. «Tomemos la belladona (Atropa belladonna), una planta que puede resultar tóxica y que contiene atropina. Cuando viene a la consulta una persona con sequedad de boca, sed, inflamación de la garganta, transpiración, fiebre o pesadillas, es decir, algo que parece una gripe, le prescribiría belladona. Sin embargo, sería Belladona 5CH (recordemos que el número representa el grado de dilución), es decir, una dilución baja, si sólo presenta uno de esos síntomas. Será 9CH si hay más manifestaciones y de 15 a 30CH si tiene todos los síntomas mencionados. Ésa es la regla en este caso. Pero también las mismas sustancias sirven para tratar problemas distintos en función del grado de dilución. Es decir, tenemos que elegir el medicamento apropiado y la dilución y depende mucho de cada paciente al que hay que verlo como un todo y estudiarlo bien»