Cómo cambiar la vida para mejorar el mundo


IMMA MUÑOZ

Creían que el sistema necesitaba un cambio. Y lo han cambiado. Tres profesionales explican su opción alternativa al mercado tradicional. Un mundo paralelo en el que se reencuentran términos hasta ahora antónimos: consumo responsable, banca ética, cooperativa de vivienda.

Cooperativas de vivienda

No son cuatro ilusos que se quedaron colgados del sueño de las comunas de los 60, ni tampoco unos funambulistas que han encontrado una salida imaginativa al problema de la vivienda acuciados por la crisis. La opción de vida de los habitantes de Cal Cases se resume en una palabra: coherencia. Lo de plantearse críticamente en qué mundo vivimos y cómo cambiarlo no les viene de ahora. Ya lo hacían cuando empezaron a implicarse en las actividades del Ateneu Rosa de Foc, de Barcelona, donde nació la idea de buscar una alternativa a la tiranía del mercado inmobiliario.

“Estábamos allí organizando talleres y charlas sobre consumo responsable, redes de intercambio, alternativas al capitalismo... y luego volvíamos a casa y teníamos una hipoteca o un alquiler sometidos al mercado. Queríamos ser coherentes con esas acciones, así que empezamos a pensar cómo cambiar la situación”, explica Judit Sanz. Ella es una de las 30 personas (20 adultos y 10 niños) que viven en Cal Cases, la cooperativa de vivienda en cesión de uso que surgió de esa búsqueda de alternativas.

Banca ética


Albert Gasch, barcelonés de 37 años, trabaja en Fiare (Fundación para la Inversión y el Ahorro Responsable), una entidad que invierte los ahorros en proyectos viables de economía social y solidaria. “Intentamos acercar la financiación a los excluidos financieramente -–explica–-, y hacerlo aplicando criterios de transparencia y participación”. Para convertirse en socio de Fiare, basta con aportar 300 euros al capital social, que se recuperan si se decide abandonar el proyecto. “Y cada socio tiene un voto, independientemente de la cantidad que haya aportado. Así se logra que el banco sea de todos, y que no esté al servicio de los intereses de unos cuantos”.

Cooperativas de consumo


Alba Álvarez tiene 26 años, una licenciatura en Psicología, una agenda casi de ministro (su jornada laboral como técnica de salud en la Fundació Autònoma Solidària, un máster de terapia Gestalt, clases de biodanza, voluntariado) y las ideas claras: “Consumimos dentro de un sistema que, si sigue como hasta ahora, puede llevarnos a una situación dramática. Crear otra manera de consumir puede hacer que cambien las cosas”. Con ese mismo planteamiento se pusieron en marcha, recién estrenados los 90, las primeras cooperativas de consumo agroecológico. En ellas, como en las de ahora, grupos de ciudadanos se coordinaban para comprar directamente a los agricultores alimentos de la tierra, ecológicos y a un precio justo, libre de las servidumbres que impone la gran distribución, que incrementa hasta en un 500% el precio de origen del producto.