"La crisis ha cambiado mi vida y mi forma de orar"

Religiosa. Esta monja es el motor de la Fundació Rosa Oriol. Reparte alimentos a 3.200 personas en Manresa.

Lucía Caram


Catalina Gayà
Catalina Gayà
Periodista

-Una monja de clausura capaz de mover cielo y, sobre todo, tierra...

-En mi comunidad siempre se dijo que nadie que viniera a pedir algo para comer se marcharía con las manos vacías. Con la crisis pasamos de atender de 4 a 5 personas cada día a 30. Llegó un momento en que nos superó, y amigos y asociaciones se unieron a nosotras.

-Y creó una fundación.

-Primero formamos la Plataforma Ciudadana de Solidaridad. Éramos 15 voluntarios. Una noche de insomnio, pensando en las facturas de alimentos por pagar y en cómo se multiplicaban las familias, recordé que Rosa Oriol, de Tous, me había dado, hacía dos años, una tarjeta diciéndome: «Si necesitas algo, llámame».

-Y la llamó.

SEnDElla había hablado con el corazón. A las 2.30 horas del 10 de junio del 2009 le escribí una carta. Dos días después me visitaba con su hija mayor y empezó una colaboración que fue a más. Cuando nos planteamos hacer una fundación, no teníamos capital fundacional y ella me lo ofreció.

-Perdone, pero su vida era contemplativa...

-¡Esto me ha cambiado la vida! La crisis dejó de ser estadísticas y se convirtió en rostros. ¡Cada rostro es un drama! Cambió mi forma de orar. Me desinstaló.

-¿La desinstaló?

-[Se ríe] Me siento expropiada para utilidad pública. Soy feliz y siento que mi fe se ha hecho más fuerte y que me ha humanizado.

-Espere: ¿las otras hermanas...?

-Al principio fue muy fuerte. El timbre sonaba a cada rato y cada noche nos quedábamos haciendo bocadillos. La tranquilidad del monasterio se alteró un poco, pero nunca se perdió la paz. Mis hermanas acogieron la nueva realidad con una generosidad que me maravilla.

-¿Cómo funciona la fundación?

-Un centenar de voluntarios atienden a las personas que se nos derivan desde la Xarxa Social. Los voluntarios realizan una acogida personalizada, escuchan la realidad de cada uno y preparan lotes de alimentos conforme a las necesidades personales. Además, coordinan las recogidas de alimento y consiguen donaciones.

-¿A cuánta gente atienden?

-Comenzamos en el convento con unos pocos. Hoy tenemos a 720 familias, unas 3.200 personas, y lo peor es que sigue llegando gente.

-Hay asociaciones que critican el asistencialismo que practican.

-Siempre existen los que critican: o porque se sienten interpelados o porque les molesta que se hable de pobreza o porque siempre estuvieron trabajando en asociaciones solidarias y temen que otros que vienen les quiten el trabajo o la patente de la caridad. ¡Le aseguro que hoy todos somos necesarios!

-Siga, por favor.

-He oído miles de veces aquello de que hay que dar la caña y enseñar a pescar. ¡Pero estamos en una situación crítica! Primero hay que dar de comer. Si no, tendremos pescadores muertos. No hay trabajo, el subsidio de paro se acaba y las ayudas son insuficientes.

-¿Nada de esperanza?

-Nosotros tenemos en proyecto cursos, la apertura de un albergue y queremos llegar a tener una bolsa de trabajo. Queremos poner en marcha una cooperativa o pequeña empresa que cree puestos de trabajo.

-¿Cómo ha respondido Manresa?

-Imagine: la plataforma funciona con donaciones de particulares que cada semana nos hacen llegar alimentos. ¡Es increíble!

-¿Cómo se hizo monja?

-Soy la quinta de siete hermanos. Siempre estuve muy vinculada al trabajo con las personas empobrecidas, aunque mi familia estaba muy bien situada. Me hice monja a los 18 años, pero de las que están al pie del cañón, en las fronteras.

-Como ahora.

-La crisis del corralito financiero de Argentina y los niños que morían desnutridos en Tucumán, mi provincia natal, avivaron mi pasión por el mundo de los pobres. Me duele la injusticia y fundé SOS Tucumán.

-¿Y cómo llegó a la clausura?

-A los 22 años me fui a un monasterio: sentía una llamada interior muy fuerte hacia la vida contemplativa. De allí salté a Valencia y, más tarde, al monasterio de Santa Clara de Manresa.

-¿De dónde saca tanta energía?

- Cada día es una oportunidad. En Argentina, como hago ahora en Catalunya, intentaba vivir con ilusión y pasión. Y ese es mi reto cotidiano.

El Periódico de Catalunya