"Mis padres dormían en la bañera para que yo estudiara"

Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet



La escuela de la vida

Jiajia sabe lo que cuesta un euro y lo demuestra cuando explica sus regateos en busca de local para su proyecto empresarial. Al final, me cuenta ilusionada cómo conseguirá que varios estudiantes extranjeros compartan residencia con su negocio, de forma que tal vez consiga ¿y lo hará¿ ganar en vez de gastar en alquiler. No sé si su editorial llegará a ser rentable algún día o si acabará transformada en otro proyecto, pero estoy convencido de que Jiajia nunca se conformará con un sueldecito fijo y que tampoco gastará jamás más de lo que gane. Son convicciones y habilidades que se adquieren mejor en un restaurante o un todo a 100 que en la universidad. Y Jiajia ha aprendido en los dos sitios

Estoy aquí porque mis padres fueron represaliados en su pueblo en China por tener más de un hijo.

¿Qué les hicieron?
A mi madre le ligaron las trompas en la sala de partos cuando dio a luz a mi hermano pequeño. Y mi padre perdió su empleo en el Ayuntamiento por haber tenido dos hijos y le pusieron una multa enorme.

¿La pagó?
Nos fuimos. Mi padre se hizo pasar por periodista japonés y fuimos burlando las fronteras de varios países de la antigua Yugoslavia, por donde era más fácil colarse.

¿Por qué llegaron hasta España?
Porque mi padre ya tenía aquí a su hermana, que nos ayudó.

¿Cuántos años tenía usted?
Llegué a Catalunya en 1997. Yo tenía ocho años, pero ya empezaba a ayudar en el restaurante familiar. En una familia china trabaja todo el mundo.

¿Trabajaba usted mucho?
Estudiar era lo único que me libraba de trabajar. Mis padres lo han dado todo para que mi hermano y yo pudiéramos tener carrera.

Y usted lo ha aprovechado.
¡Cómo podía haber perdido el tiempo si mis padres dormían en la bañera para no molestarnos! Vivíamos todos en una habitación y ellos hablaban bajito y andaban de puntillas para que no perdiéramos la concentración.

¿Y además trabajaba usted?
Muchas horas. Teníamos que devolver el préstamo –mucho dinero– que le había hecho su hermana. A mi hermano le dejaban salir con sus amigos alguna vez...

¿Y a usted no?
No, y la excusa era que yo era la mayor, pero la auténtica razón es que yo era niña.

¿Por qué estudió Económicas?
En realidad a mí me gustaban las Letras y hubiera hecho alguna carrera de Humanidades, pero mis padres se negaron: tenía que dedicarme a algo que creyeran de provecho.

Ya está usted en ello.
Después la Fundació Joan Riera Gubau me dio una beca, reservada para estudiantes de la comarca de la Selva, donde vivíamos, y así pude ingresar en la John F. Kennedy School de la Universidad de Harvard.

Tampoco es mal sitio.
Pues le voy a decir lo que pienso al respecto.

Adelante.
La relación calidad-precio yo diría que es más competitiva en la Universitat Pompeu Fabra. Al fin y al cabo, lo más importante en una universidad son los profesores y la exigencia al alumno, y no vi tanta diferencia en ambas. De hecho, la universidad norteamericana da mucho, pero cobra aún más de lo
da y al final no es tan exigente como se cree.

Es una opinión... Y vivida.
Estuve todo el 2009 en Harvard y al volver en el 2010 tuve una oferta de Deloitte para comenzar allí mi carrera profesional.

¿No le hizo ilusión?
La verdad es que no tanta. Pasé un par de noches sin dormir y después la rechacé.

¿Por qué?
Porque yo quería ser emprendedora y no una empleada más en una multinacional.

¡Es una de las proclamaciones más estimulantes que he oído!
Tenía muy claro que yo iba a ser mi jefa. Y en eso me apoyaron mis padres. Aunque tenían sus dudas sobre la viabilidad del negocio y sobre si yo era o no demasiado joven.

Buen apoyo y dudas no desdeñables.
El siguiente paso era pensar hasta encontrar en qué podía crear yo valor con mis especiales aptitudes y capacidades.

¿Y qué pensó?
El chino es mi lengua materna...

Habla usted un catalán impecable, buen castellano y perfecto inglés.
Busqué mi mercado: en España hay 15.000 padres que han adoptado niñas chinas.

Es un target.
Esas familias quieren aprender chino para poder hablar con sus hijas cuando las adoptan y después para que ellas no lo pierdan.

¡Ojalá supiéramos más chino!
Así que decidí montar una editorial especializada en la enseñanza del chino.

¿Cuál es su ventaja competitiva frente a los métodos que ya existen?
El uso de la imagen: tengo un equipo de ilustradores trabajando ya en el concepto.

¿Con qué dinero les paga?
Han aceptado esperarse a cobrar hasta que Jiajia Ediciones empiece a facturar.

Esperemos que pronto.
Estoy en ello y tengo, además, muchos otros proyectos: por ejemplo un art village.

¿Ha pensado en volver a China y montar una empresa allí?
Este es mi país. Estoy bien aquí y creo que podré poner en marcha mi editorial aquí.

¿Qué piensa de la China de hoy?
Es un régimen que ha abrazado la tradición confuciana –más amante del orden que de la libertad– que desconfía del individuo. Y más todavía si es joven.

Es una gerontocracia, sí, pero eficaz creando riqueza.
A costa del medio ambiente y de los derechos laborales y con salarios bajísimos. La demanda de libertad crecerá como crecemos los jóvenes. Esa libertad que tengo aquí me hace ahora más catalana que china.

¿Es de aquí por algo más?
Porque, además, para Confucio y para los jerarcas chinos, una mujer de 22 años es capaz de muy pocas cosas, y entre ellas no figura ser empresaria. Así que creo que me voy a quedar y lo seré.