"Si rompes tu palabra, rompes tu alma"

Omar Sosa, compositor y pianista

IMA SANCHÍS

Tengo 45 años. Nací en Camagüey (Cuba) y vivo en Barcelona desde hace 12 años. Estoy casado con una catalana y tengo dos hijos. Estudié percusión, pero soy pianista. En política, el discurso nunca se corresponde con la realidad que se vive después. Soy santero

¿Santero?

Sí.

¿Tiene ángel de la guarda?


Sí, Obatalá.

¿Dónde lo conoció?


Vengo de una familia completamente católica, pero mi tío tuvo un sueño.

¿Qué soñó?

Que yo debía ir a una casa en La Habana. A mis 19 años dejamos el pueblo y nos fuimos a la capital a intentar encontrar la calle del sueño, y la encontramos.

Vaya.

Mi tío describió a la persona; era gordo - Dios lo tenga en su gloria-..."Debe de ser Chaveco". Y fuimos a su casa. "Les estaba esperando", nos dijo. Y así conocí a mi padrino.

Curioso.

No hay que obviar los mensajes que nos llegan a través de los sueños. Desde la primera ceremonia me sentí cómodo. Mi mundo espiritual es la esencia y la base de cada paso que doy en mi vida.

¿Incluida la música?

La música es una de las voces de ese mundo. Diez años después de aquella primera ceremonia, en la coronación, mi padrino me dijo: "A partir de hoy, tienes una misión".

¿?

Yo también me quedé extrañado. Entonces yo tocaba música pop con Xiomara Laugart, pero me fui a vivir a la parte negra de Ecuador, y su sincretismo me pilló. Es como el amor: o amas, o no amas.

Entiendo: te amo un poquito no sirve.

No, y con la música pasa igual: o lo sientes, o lo sientes. Mi labor desde entonces fue sincretizar Occidente con África,y eso hago, pero sólo soy el elemento que lo canaliza todo.

¿Qué recuerda de su niñez?

Cuando mi padre se doctoró en Filosofía marxista leninista hicieron una fiesta y no quise ir. Mandó a por mí: "Dice tu padre que te da cinco minutos para que vayas, que te acuerdes de lo que le pasó a tu diente"... Este.

Está roto.

Aquí lo considerarían un maltratador, pero en mi cultura hay que andar recto, y si te portas mal, el cachete no te lo quita nadie.

Fue a la fiesta, claro.

Mi padre me abrazó: "¡No te das cuenta de lo importante que es para mí que estés! Este es el principio de todo lo que tú vas a ser".

Eso no lo he entendido, discúlpeme.

Yo lo entendí mucho más tarde: estaba hablando de respeto, de la responsabilidad de ponerte en el lugar del otro. Y hay otro momento importante que recuerdo.

...

Con 18 años tocaba en un grupo que entretenía a las tropas de las FAR. Estuve en Angola, Etiopía, Congo y Nicaragua. Llevábamos tres bailarinas, y había hombres que llevaban dos años sin tocar mujer.

Qué atrevidas.

Bailaban con ropa militar. En ese periodo entendí la importancia de la disciplina.

Cuénteme.

Íbamos en caravana, éramos los últimos y habíamos conseguido alcohol. En nuestro coche había fiesta, se rompió la caravana y nos distanciamos. A los lados de la carretera debían estar los swapo (organización militar que combatía al gobierno sudafricano) escoltándonos, pero no estaban.

Fiesta peligrosa.

Cuando llegamos a destino, algo borrachines, vino el general y nos dijo que todos los swapo estaban muertos y nosotros vivos de milagro. Nos metieron en el calabozo.

¿Qué le hizo músico?

La primera vez que toqué el piano sentí felicidad. Todavía hoy cuando me siento mal me pongo a tocar y recupero la paz. Así que mi vida ha sido viajar y tocar y tocar.

¿Dejó Cuba sin posibilidad de volver?

No, me enamoré y me casé con una catalana. Hemos vivido en Ecuador, España, Estados Unidos (12 años)... Mi casa es el mundo. Me he pasado la vida poniendo la huella, y mi rumbo siempre ha sido la libertad.

¿La ha conquistado?

La sociedad nos marca la autopista por la que debemos circular. Yo intento ir por carreteras secundarias. El precio que pago es que allí donde llego, incluso Cuba, soy un turista. Tuve un accidente en EE.UU. y lo primero que oí en el hospital fue: "¿Quién va a pagar esto?"... Pensé: "Qué linda es Cuba".

Entiendo.

En una de mis visitas a Cuba mi hijo enfermó, fuimos al hospital y...: "Ella (mi mujer) es extranjera, tiene que pagar".

¿Es usted un apátrida?

Y eso me ha enseñado a amar el mundo. Yo creo en el ser humano, sobre todo en los viejos, en la jerarquía de la sabiduría. Somos su legado, a partir de él puedes seguir adelante diciendo lo que sientes y sin temor, porque lo más extraordinario ya lo tienes.

¿De qué se trata?

La vida. Me dormí conduciendo, el accidente fue terrible, pero salí ileso; me acompañan los espíritus de luz. ¿Le parezco un negro tostado de la cabeza?

A mí no.

Todos tenemos ángeles guardianes, y uno recoge lo que siembra.

¿Usted qué ha sembrado?

Lo que he sentido. Hasta hoy he hecho lo que he querido, 21 discos felices con mi propia compañía discográfica. Un día me ofrecieron un contrato, ¡eran cien páginas!

Demasiadas.

"Yo no firmo esto", dije, y con un apretón de manos sellé el compromiso con mi mánager hace ya muchos años. Creo en la palabra. Si rompes tu palabra, rompes tu alma.