"Cuanto más dura la vida fértil de una mujer, más años vive"

J. Ignacio Lao, médico genetista; especialista en envejecimiento

LLUÍS AMIGUET

Vejez y muerte no son el fin, sino medios de adaptación. Eres joven mientras seas capaz de asumir desafíos: tengo 47 desafiantes años. Nací en La Habana, de familia gallega. ¿Dios? Hay fuerzas en la naturaleza que no comprendemos. No tomo más partido que el de la razón

No hay vida sin muerte.

Discrepo. El envejecimiento y la muerte son sólo estrategias de adaptación de las especies al medio; no el fin.

No sé si le sigo...


Las especies conocidas nacen, se reproducen y, cuando dejan de poder reproducirse, envejecen y mueren. Pero hemos descubierto otras especies que no envejecen.

¿Seres vivos que no mueren?


No es que sean inmortales...

Eso sí sería categoría metafísica.
...

Sólo que no envejecen y, por tanto, no mueren de viejos.

¿Qué especie es la afortunada?


La medusa inmortal (Turritopsis nutricula),hidrozoo hidroideo de la familia Oceanidae,tiene un ciclo de vida que revierte a pólipo tras llegar a su maduración sexual.

¿Así que, cuando ya es madura, rebobina y vuelve a ser joven?


La estrategia de adaptación de esta especie ha excluido la vejez. Y - si no se la come un pez- no envejece, sino que rejuvenece.

¿Y qué le sugiere el bicho?


Los genetistas bioevolucionistas hemos establecido una correlación estadística entre capacidad reproductiva y envejecimiento. También en los humanos.

Por ejemplo.


Cuanto más temprana es la menarquia - primera menstruación-de una mujer y más tardía su menopausia; cuantos más años de fertilidad vive, más larga y sana es su vejez.


¿Cómo lo interpreta?


La naturaleza prolonga la vida de quien le es útil.


La vejez es natural e inmaduro negarla.


La naturaleza nos ha programado para envejecer, pero nosotros tenemos la capacidad de razonar y rectificar a la naturaleza, como hemos rectificado otros designios suyos.

¿Qué es lo último sobre la vejez?


Hay teorías divergentes para explicarla: desde la acumulación de radicales libres que van atacando nuestro material genético hasta la teoría evolucionista hormonal que le explicaba antes respecto a la menopausia; o la mitocondrial, que sostiene que son las mitocondrias las que envejecen...


¿Cuál es la teoría en boga?


La de los telómeros; las patitas de los cromosomas que, al deshilacharse y acortarse, ven afectada su capacidad de replicar nuestras células.


Eso explicaría nuestro límite de edad.


120 años: el límite de Hayflick. El biólogo Leonard Hayflick se fijó en la división celular para explicar la vejez. Sostuvo que la cantidad de veces que las células podían dividirse era limitada: sólo 50.

¿Y eso nos permite 120 años de vida?


Exactamente. Los llegó a cumplir Jeanne Calment - el caso de longevidad mejor documentado (1875-1997)-,que murió a los 122. Ahora los especialistas debemos enunciar una teoría general del envejecimiento que unifique todas esas hipótesis.


Y mejorar la calidad de nuestra vejez.

Por eso investigamos las divergencias genéticas y sus polimorfismos. Es decir, las diversas respuestas a los desafíos del medio ambiente que transmiten nuestros genes.


¿Por qué hay quien los tiene mejores?


Porque los desafíos ambientales varían con más rapidez que la genética, que transmite nuestra respuesta adaptativa. Por ejemplo, en los mediterráneos observamos un polimorfismo - mutación genética compartida por más del 1 por ciento de la población-que permitía a quien lo heredaba resistir mejor a la malaria: hoy ya no hay malaria aquí y en cambio quienes lo heredan sufren hemoglobinopatías como las talasemias.

Si conoces qué polimorfismos has heredado ¿sabrás de qué preocuparte?


Tras descifrar el genoma, sabemos que somos iguales en un 99,9 por ciento de nuestra genética. El 0,1 por ciento restante y diverso encierra una información crucial.


¿Propensión a enfermedades?


Un sencillo test de esa información genética revela si existen más de 80 mutaciones vinculadas no sólo a raras dolencias monogénicas, sino también poligénicas y multifactoriales, como las cardiovasculares, y, entre ellas, el polimorfismo de la alfa 1 antitripsina asociado al enfisema pulmonar...


Suena fatal para quien le toque.


Y otros asociados a cánceres; osteopatías, trastornos cognitivos, o la rara propensión a la muerte súbita de algunos atletas... O la extendida de otros pacientes a la obesidad.


No estaría de más averiguarlo.


También explica la diversidad de reacciones a determinados alimentos o la tendencia a hipertensión e infarto. O por qué hay personas que metabolizan medicamentos con más rapidez que otras.


Una dosis puede ser poco o demasiado.

Si su test apunta sensibilidad a los estrógenos, no debe tomar anticonceptivos, porque aumentarían el riesgo de cáncer de mama.


¿Todo eso tan sólo con ese análisis?


Completado con la interpretación multidisciplinar de los especialistas en cada caso.


Es una información delicada.


Siempre estaré en contra de que caiga en manos, por ejemplo, de las compañías de seguros. La facilidad con que se realiza el test - a partir de una pequeña muestra de saliva- convierte esa información en manipulable.


¿Cuánto cuesta?


Hoy ronda los mil euros, pero debería ser universal y esperemos que su coste sea asumido por las sanidades públicas, que, de hecho, ya empiezan a realizarlo.