La influencia de internet acelera la propagación de nuevas palabras

REVOLUCIÓN LINGÜÍSTICA POR EL IMPACTO DE LA WEB

Los expertos aceptan el fenómeno como natural, pero aconsejan usar el léxico del idioma propio

La red incrementa el solapamiento de lenguas, lo que multiplica la penetración del inglés en otras

Internet está ejerciendo una influencia en la evolución de las lenguas solo comparable a la de la imprenta. La red ha intensificado la comunicación, lo que ha acelerado los cambios en los idiomas, incluida la propagación de nuevas palabras. Vocablos de uso cotidiano como web, chat y emoticono dan fe.

Una usuaria consulta en su ordenador la web de la Real Academia Española. JOAN PUIG

«Ahora los neologismos se generan y se difunden mucho más deprisa, pero también son más efímeros», asegura Maria Antònia Martí, profesora de la Universitat de Barcelona. Pasó con cool (muy bueno), adjetivo inglés que los esnobs –otro neologismo– encumbraron hace años y abandonaron tan pronto como lo empezó a usar demasiada gente. Despojado del carácter exclusivo, perdió el encanto y acabó en la cuneta. Siempre son los hablantes los que determinan la vida de las palabras.

La revolución de internet produce un «mayor solapamiento de idiomas, lo que ha multiplicado la penetración en otros sistemas del inglés», según la directora del programa de lenguas de la Universitat Oberta de Catalunya, Pauline Ernest. La clave radica en su hegemonía cultural, consecuencia del poderío económico y militar. «¿Qué diferencia un idioma de un dialecto?», le preguntaron un día al suizo Ferdinand de Saussure. «Los cañones», respondió el padre de la lingüística moderna.

ANALOGÍA DE IMAGEN / Otro factor que allana el camino a las palabras procedentes del idioma de Paul Auster es su propia génesis. Los neologismos surgen de la necesidad de dar nombre a nuevas realidades y, como explica Xavier Fargas, jefe de normalización del centro de terminología catalana Termcat, el inglés los suele crear «por analogía de imagen»

–tomó web (telaraña) para designar a internet–, mientras que las lenguas románicas como el castellano y el catalán recurren más a «la composición y la derivación» –con resultados como ciberespacio–. Esto alumbra palabras largas que chocan con el principio de la economía del lenguaje –dar la máxima información en el menor espacio–, lo que las coloca en una posición de inferioridad. Por eso chat arrinconó a cibercharla, y blog, a ciberdiario y bitácora.

Además, la generación de nuevas palabras en inglés se ve favorecida porque «los anglohablantes tienen menos miedo a experimentar con su idioma y no suelen preocuparse de si algo es correcto», explica la profesora Martí. Su colega Ernest abunda en esta tesis: «En inglés no hay una institución de vigilancia como la Real Academia Española (RAE), y se tolera más el error porque la comunidad sabe que la mayoría de los anglohablantes no tienen ese idioma como lengua materna».

EL CASO DE 'JUGÓN' / Con todo, Alberto Gómez Font, coordinador general de la Fundéu –una institución que vela por el buen uso del castellano en los medios de comunicación–,

juzga «una bobada» considerar el inglés más dinámico. «Todas las lenguas tienen la misma facilidad para crear palabras. Lo que ocurre es que los neologismos nacen para designar algo nuevo, y se inventan más cosas en inglés», expone. El filólogo y periodista celebra, por ejemplo, la acuñación del término jugón –difundida por el narrador deportivo Andrés Montes– para designar a un jugador habilidoso: «Es una creación léxica que enriquece el idioma».

¿Y hay que preocuparse por la penetración inglesa en el castellano o el catalán? «No pasa nada porque incorporemos palabras del inglés, además de que es inútil combatirlo. Solo las lenguas muertas permanecen inalteradas; entre las vivas hay constantes intercambios. Por ejemplo, en el siglo XIV tomamos términos como albornoz y berenjena del árabe, y no creo que entonces se preocuparan por la gran influencia de este idioma», explica Martí, que añade: «La excelencia de una lengua no está en su pureza, sino en que sea un buen vehículo de comunicación».Gómez Font coincide con esta idea, pero matiza que «sí es pernicioso usar voces del inglés de manera innecesaria o por pose». «Si hay un término español para designar algo, no hay motivo para utilizar uno de otro idioma», recomienda.

CAMBIOS EN EL DICCIONARIO / Como muestra del vigor del castellano, el filólogo y periodista destaca los 3.000 cambios que la RAE acaba de introducir en la versión digital de su diccionario. Entre ellos figuran 408 nuevas entradas, como abducir, homófobo, grafiti y la sorprendente (por desusada) muslamen. Sin embargo, precisa que para considerar correcto un término no es necesario esperar a que la Academia le dé su bendición: «La lengua es algo vivo, y si una palabra está bien formada y facilita la comunicación, no hay razón para no utilizarla. Ya entrará en el diccionario con el tiempo».