«Hay que poner límites a los hijos desde bebés»

Pedro García Aguado

'El campamento' llegará a Cuatro en septiembre, tras el éxito de 'Hermano mayor', que se emite esta noche, a las 22.30 horas

–Después de lidiar con chavales conflictivos en sus casas, uno a uno, en Hermano mayor ahora coge usted a un grupo y se los lleva al campo. Más difícil todavía.

–La idea de El campamento es sacar a los chicos de sus hogares para que vivan situaciones extremas. Estarán en mitad de Benasque y tendrán normas muy claras de convivencia. Y la palabra es lidiar, efectivamente, porque algunos son como miuras.

–¿Cuántos serán?

–Cuatro chicos y cuatro chicas de clase media y media-alta. Queremos dejar claro que el tipo de problemas que tratamos no solo vienen de barrios marginales. Además, solo tres de ellos tienen un pasado de drogas. El trastorno de los chavales viene por las historias que tienen detrás.

–¿Se enfrentará a ellos usted solo?

–Tengo tres ayudantes, pero hay muchos momentos en los que estoy solo con ellos, apagando fuegos. Sin embargo, menos en un caso, ninguno de los chicos tiene animadversión contra mí. Todos, menos uno, me respetan. Las tensiones más graves ocurren entre ellos.

–¿Qué idea preconcebida tenían ellos de El campamento?

–Pensaba que venían de vacaciones. Venían con su gomina, con planchas para el pelo... Se creían que esto iba a ser un Gran hermano. Y no.

–En Hermano mayor todos los casos tratados terminan bien. ¿Es usted tan bueno?

–No soy una varita mágica. Lo único que hago es poner al límite a estos chavales y son ellos los que hacen el trabajo. No es que yo sea bueno, es que lo que hacemos funcionar. ¿Por qué? Porque no dejamos absolutamente nada sin sancionar.

–Su presencia física, usted fue deportista de élite, y su propia experiencia, fue cocainómano, le dan autoridad cuando les habla.

–Todo influye, incluido el tono de voz. Nunca les digo que no hagan determinadas cosas. Simplemente les explico las consecuencias tan duras que puede tener lo que están haciendo. Y sé de lo que hablo.

–¿Son los padres los que llaman al programa desesperados?

–Nos suelen contactar los chicos a través de las redes sociales, nos piden ayuda. Otros chavales nos escriben y nos dicen que tienen un amigo con problemas graves en casa y nos facilitan su correo electrónico. A los que van de chulos no les hacemos caso.

–¿Qué dicen los padres?

–A ellos les gusta la idea, lo que sucede es que la televisión les echa para atrás. Nosotros les decimos que lo han probado todo y que no tienen nada que perder.

–¿Cómo se puede ser natural con una cámara delante?

–Los chavales que tratamos tienen el trastorno de conducta tan instalado que les da igual quién haya delante. En El campamento, los telespectadores se darán cuenta de que uno de los chavales, solo uno, ha ido a lucirse. Y queda en evidencia, hace el ridículo. El resto son honestos y quieren cambiar.

–¿Por qué de padres normales y trabajadores salen monstruos?

–Hay muchas causas. Una de ellas es que hay padres que no ponen límites y les dan a sus hijos absolutamente todo lo que piden. Algunos padres quieren que sus hijos sean felices, pero crían auténticos discapacitados. No enseñan a sus hijos a manejar la frustración.

–Entre Supernany y usted desaniman un poco a tener descendencia.

–Qué va. Lo que pasa es que la labor de educar es un trabajo y no todos están preparados para ello. Tienes que estar encima de tus hijos y tienes que empezar a poner límites desde que son bebés. Luego, cuando van al colegio, hay que estar pendiente de sus estudios y si van mal hay que estudiar por qué. Los padres nunca deben mirar para otro lado y decir que su niño ya cambiará.