Más de 62.000 metros cuadrados de Barcelona están cubiertos de flores

La introducción de 175 especies potencia la biodiversidad de la capital catalana

Hoy por hoy, y pese al achicharrante sol de las últimas semanas, 62.249 metros cuadrados de la ciudad permanecen cubiertos de flores. En los últimos días, plazas, jardines, parterres y parques de la capital catalana han ganado –o ganarán en breve– color, aroma y belleza por obra y gracia de una campaña lanzada desde el departamento de medio ambiente del Ayuntamiento de Barcelona, que quiere aumentar la presencia de flores en la ciudad con la plantación de rosales y de arbustos y arbolado en flor, que se sumarán a los espacios que ya existían. Las 175 nuevas especies, introducidas con la misión de ampliar la biodiversidad, cumplen con un requisito imprescindible: son plantas resistentes y requieren el mínimo mantenimiento posible. Flores preparadas para la dura vida del siglo XXI.

Colorido aspecto de los jardines del Teatre Grec, repletos de flores, ayer por la tarde en Montjuïc.

NUEVO MAPA CROMÁTICO /Con estas plantaciones se configura un nuevo mapa cromático, que recoge las floraciones predominantes en los 73 barrios de la ciudad y en la montaña de Montjuïc, determinando las zonas a plantar y las especies. Fuentes municipales insisten en que las nuevas plantaciones «siguen los criterios de sostenibilidad ambiental que rigen la jardinería urbana de la ciudad», con el objetivo de acomodarse a la climatología y a las características de la urbe y potenciar la biodiversidad a partir de especies de clima mediterráneo y con una gran capacidad de adaptación.

De este modo, las flores de temporada han sido desterradas, ya que requieren un mantenimiento intensivo y mucha agua, sobre todo durante su implantación, además del constante esfuerzo de plantación y retirada de planta. En cambio, la plantación de rosales, arbustos de flor y planta vivaz –las familias elegidas para esta campaña– ofrecen mayor resistencia en los periodos de sequía y a las temperaturas altas, presentan una floración intensa y larga teniendo en cuenta los colores y el aroma, y requieren menos mantenimiento por las pocas necesidades de poda, por su carácter permanente y no de temporada y por su menor necesidad de nutrientes.

En este contexto, se potencian las especies de arbolado vial –los árboles de las aceras– que florecen, «para ayudar a fomentar el cromatismo en las calles y plazas». Destaca el peral en flor y una especie de arce blanco con flores rojas. El objetivo es diversificar las especies, potenciando las poco usadas e introduciendo algunas nuevas.

Como en el caso de las flores, los criterios de selección tienen en cuenta aspectos como la resistencia al medio urbano y a la sequía y el crecimiento lento, y los criterios paisajísticos, como la floración vistosa y duradera. Una primera experiencia exitosa de introducción de arbolado en los barrios de Barcelona fue la plantación de árboles en los chaflanes del Eixample en sustitución de los engorrosos plátanos. Ahora, cada uno de los barrios del distrito tiene una especie distinta, que le da color e identidad, como la jacaranda en Fort Pienc, el tilo en la Dreta del Eixample y el árbol del amor en la Esquerra del Eixample.