"Merece la pena luchar contra toda desesperanza"

María del Mar Fernández, activista de los derechos humanos


Maria del Mar Fernández


IMA SANCHÍS -La Vanguardia

Tengo 66 años. Nací en Barcelona y vivo en Vilanova i la Geltrú. Estoy divorciada y tengo dos hijos que murieron. Estoy diplomada en francés y en inglés y licenciada en Derecho; he ejercido en la rama penal durante más de 25 años. Paz y justicia es mi política. Soy cristiana

Yo fui represaliada antes de nacer, cuando mi madre divorciada quedó embarazada y la echaron del sindicato de banqueros. Al cabo de tres años se separó de su pareja.

¿Estaba en la calle y sin blanca?


... Pero se plantó delante del sindicato hasta que consiguió que le dieran otro trabajo.


Una madre valiente.


Me enseñó idiomas y me diplomé en francés y en inglés. Cuando me casé decidí estudiar derecho junto con mi marido. Colaborábamos con un centro del barrio chino redactando escritos para pedir la libertad de chavales que cometían delitos menores, niños que esnifaban cola, hijos de prostitutas.


¿Ya tenía hijos?


Los adoptamos justo antes de acabar la carrera, dos hermanos de cuatro y dos años con un trastorno límite de personalidad congénito, lo que les acarreó muchísimos problemas y su muerte.


Vaya, lo siento.


Xavier, el mayor, murió a los 19, y Toni, el segundo, murió a los 25 años, en el 2004. Ambos murieron después de luchar durante años para superar su trastorno y tratar de evitar sus dramáticas consecuencias.


Lleva luchando toda la vida.


Merece la pena luchar hasta el último momento, contra toda desesperanza.


¿En qué consiste ese trastorno?


Incapacidad de controlar los impulsos, pero le pusieron ese nombre porque no sabían muy bien de qué se trataba; y por eso empecé a estudiar psicología - luego me siguió mi marido-,para dedicarnos a la investigación y ser psicólogos voluntarios.


Entiendo.


Pero hay pocas parejas que sobrevivan a la muerte de un hijo. Estuvimos muy unidos durante 33 años, pero nos separamos tras la muerte de Toni. Él se fue con otra mujer.


Su historia es muy dolorosa.


Ami ex marido al cabo de un año se le declaró un cáncer, y ahora a mí. Yo dejé la abogacía, me veía incapaz de seguir trabajando con chavales con problemas y comportamientos similares a los que tenían mis hijos.


¿Cómo acabó en la causa palestina?


Con el asesinato de Rachel Corrie (2003), la chica a la que aplastó un bulldozer israelí, me puse en contacto con el ISM (Movimiento Internacional de Solidaridad), que está consiguiendo extender la no violencia por toda Palestina.


¿Cuántas veces ha estado allí?


Siete. En el primer viaje, el 2005, cruzamos Europa en autocaravanas y autobuses. Éramos más de cien personas entre 8 y 80 años, de diferentes nacionalidades y creencias. Es estimulante ver cómo podemos convivir cuando estamos dispuestos a conocernos y a sacudirnos los prejuicios. Cuando llegamos a la frontera, Israel nos prohibió la entrada durante cinco años.


¿Tardó en volver?


Ese mismo año conseguí entrar y participar en una de las manifestaciones no violentas de Bil´im, a cuya población les han expropiado el 60% de su tierra. Hace dos años los tribunales israelíes les dieron la razón y prometieron devolverles la mitad de sus tierras, pero no lo han cumplido.


Allí la hirieron.


Sí, un soldado me empujó con su porra de madera y caí por un terraplén, me rompí el húmero por dos partes y el tendón del bíceps. Pero en cuanto estuve curada volví para ayudar en la recogida de aceitunas, donde nuestra labor es evitar que los soldados disparen a los campesinos y permitan que los colonos hieran, maten, roben las cosechas o destruyan los olivos centenarios.


... Y la volvieron a herir.


En el 2007, en otra manifestación no violenta en Bil´im. Estaba frente a un oficial con las manos en alto y disparó su bala de acero forrada de goma a sangre fría.


...


Luego me embarqué en el Free Gaza para intentar romper el bloqueo de Gaza. Nos tuvieron diez horas incomunicados; la insistencia de la solidaridad internacional consiguió que pudiéramos llegar a Gaza. Hacía 41 años que no entraba barco extranjero.


¿Cómo reaccionó la población?


Nos recibieron como si fuéramos héroes. Era una sensación contradictoria, porque lo único que podíamos hacer nosotros, civiles, era decirles que no estaban solos y presionar a nuestros gobiernos para que se acabe el bloqueo. La concesión por ello de la nacionalidad Palestina fue para mí un gran orgullo. Y por ahora el cáncer y la quimioterapia no me han permitido volver.


¿Qué ha aprendido de la vida?


A luchar, a no dejarme vencer y a conocer al otro; la gran generosidad de algunas personas. Creo que mi deber ahora (sinceramente, amíme importaba un bledo tener un cáncer y tengo ganas de reunirme con mis hijos) es intentar ayudar a esas mujeres palestinas sitiadas, que mueren como moscas.


Usted también ha sufrido lo peor.


Tras la muerte de Xavier no pude llorar, tenía que ayudar a mi marido y a Toni, que necesitaba mucha atención. Tras su muerte yo también intenté quitarme la vida varias veces. Al final entendí que no había llegado mi hora. ¿Sabe que me da mucha rabia?


...


Que en este último intento de llegar a Gaza haya muerto algún padre de familia, me hubiera gustado cambiarme por él porque yo ya lo he hecho todo. Pero la vida es un misterio, parece que hay un destino.