Las nuevas Tias

"Panks", las nuevas tías: Sin hijos y amigas de sus sobrinos

La sigla en inglés lo dice todo: Professional Aunts, No kids.

Mujeres profesionales que postergan su maternidad y priorizan su carrera. Pero en lugar de ser "la tía solterona", hoy las mujeres de más de 30 años son "la tía confidente".




Se supone que Joan Manuel Serrat es un hombre sabio. Que sabe de la vida; que entiende a las mujeres y lo que les pasa a los hombres con ellas.

Pero se equivocó con las tías. O quedó obsoleto. En su canción "La tieta", una alusión a la "tía soltera", habla del estereotipo de mujer sola, sin hijos, a quien la vejez se le viene encima más rápido que a sus hermanas y que huele siempre a algo tan fuerte como el pachoulí.

Serrat habla de una tía de quien se ríe hasta la portera, que esboza esa sonrisa sinónimo del "orgullo de quien tiene a alguien que le caliente la cama". Una tía a quien nadie echa de menos si no está, y que se encarga de su propio entierro para no provocar molestias.

Pero hoy, las tías se ríen de Serrat. En Estados Unidos, según cifras del Census Bureau de 2006, el 45,1% de las mujeres menores de 44 años no tiene hijos, y sólo en el tramo de entre 40 y 44 años el porcentaje es de un 20% -el doble que hace tres décadas. Un mayor acceso a la educación, integración al mercado laboral y postergación de la maternidad han configurado un nuevo perfil de mujeres -y por ende, de tías.

En Chile, el diagnóstico va en la misma dirección: la tasa de natalidad promedia hoy 1,93 hijo por mujer, la mitad que hace 40 años.

Y la cantidad de mujeres que tiene su primer hijo después de los 30, si se comparan las cifras del INE de 1996 y 2004, aumentó proporcionalmente un 26%.

Hoy, ser la hermana sin hijos y profesional es ser la tía cool. La que mejor se viste, la que más tiempo libre tiene para jugar con los niños y la que hace los mejores regalos. Porque también tiene menos gastos y responsabilidades que una madre. Es la tía que ayuda a sus hermanas cuidando a los sobrinos, la asesora de modas y la consejera.

Pero sobre todo, es la confidente. La amiga sabia que no castigará a nadie por hacer algo mal. Aunque tampoco dejará que quede impune.

Las tías de hoy incluso saben más de sus sobrinas que sus propias madres y, según Raúl Carvajal, sicólogo infantojuvenil de la Clínica Santa María, "ya no son la tía 'solterona' fome, sino alguien mucho más cercano -incluso generacionalmente- y con más temas en común con sus sobrinos".

NINTENDO WII Y CONSEJOS

"En la actualidad, ser mujer soltera, vivir sola y no tener hijos es una opción de vida
-explica Ricardo Musalem, terapeuta familiar de la Unidad de Diagnóstico y Atención Familiar de la Clínica Las Condes-.

Culturalmente es valorada y se asocia a oportunidades de viajar, ser deportistas, tener dinero, realizarse profesionalmente y tener mucha libertad". Y aceptémoslo: no parece una mala idea.

Hoy, las tías son sinónimo de complicidad. "Si a los cinco era la 'tía partner' por jugar con bombitas de agua, a los ocho lo va a ser por jugar Nintendo Wii y a los 15 por hablarles de relaciones amorosas y desarrollo sexual", explica la sicóloga Nerea de Ugarte, de la Clínica Ciudad del Mar.

Pero según los expertos, el carácter formativo de la relación debe estar por sobre la amistad. Musalem es tajante: "Las tías deben ayudar a sus sobrinos a pensar sobre sus errores o exigencias desmedidas, y no consolarlos sobreprotectoramente cuando tienen reacciones emocionales desproporcionadas frente a frustraciones o límites que les imponen los padres".

Carolina Castro le encuentra la razón. Aunque ella habla lejos de la teoría. Tiene 36 años y seis sobrinos -cuatro mujeres y dos hombres-, y a pesar de que es amiga de todos, les pone límites claros: "No les aguanto la mala educación ni los malos modales, y soy súper honesta al darles consejos. A veces, exageradamente honesta".

Ella sabe que es la "tía buena onda", la confidente, la que más secretos sabe de los hijos de sus dos hermanas. Y según Ugarte, los temas sobre los que más hablan las tías con sus sobrinos son "la sexualidad, las primeras experiencias con drogas o alcohol, dudas respecto a relaciones amorosas y asesoramiento de vestuario y
peinados".

Esto no sólo genera mayor cercanía, sino que también mayor conocimiento de los sobrinos. Y en Navidad, Carolina lo nota: "Mis regalos son los únicos que no cambian".

(NO) GUARDAR SILENCIO

Según Musalem, terapeuta de la Clínica Las Condes, son tres las razones por las que es más fácil confiar en las tías: los hijos temen la reacción de los padres ante ciertos errores, no quieren preocuparlos y sienten que se espera que resuelvan sus problemas solos. Ese último factor implica, muchas veces, enterarse de secretos que los padres deberían saber y que los sobrinos piden que no cuenten.

Carolina está acostumbrada. Y sabe que, en ciertas ocasiones, tiene que solidarizar con el otro bando. "Cuando me cuentan que salieron sin permiso o que inventaron que irían a algún lugar para ir a una fiesta, les pido por favor que les cuenten a los papás. Mal que mal, son mis hermanas y las respeto". Sin embargo, la mayoría de los secretos no son graves.

Y ella los guarda. Ser tía implica tener criterio. Si bien temas como adicción al
alcohol o alguna droga y violencia de parte de la pareja son temas que habría que hablar directamente con los padres, según Ugarte, saber cuándo callar es igual de importante: "Como la adolescencia es un periodo tan vulnerable y confuso, es necesario que tengan un sostén que los pueda recibir en todas sus caídas". Sobre todo en las amorosas. Y en ese tema, Carolina tiene experiencia: "Las mujeres siempre me cuentan de sus amores, y me preguntan qué hacer, '¿lo llamo o no lo
llamo?'. Trato que abran los ojos ante un millón de cosas... como que llamar a las cinco de la mañana a un hombre siempre es una mala idea".

TÍAS MEDIADORAS

La complicidad que tiene la mayoría de las tías con sus sobrinos también puede ser provechosa para las madres. Asumiendo que ellas tienen más confianza con los hijos, se les puede pedir que hablen con ellos sobre temas específicos cuando sea necesario.

Como le ocurrió a Carolina Castro cuando su sobrina menor, de 18 años, sufrió una
depresión el año pasado. "Mi hermana me pedía que me acercara a ella para saber cómo estaba, para ver si percibía algo más que ella bajo otro punto de vista. Y tener una conversación horizontal funcionaba".

Sin embargo, hay que evitar el abuso. Pedirles a las tías que detallen lo que hizo o no un hijo o una hija en una fiesta, por ejemplo, sería abusar de su confianza.