"Si sonríes en la adversidad, tu mal empequeñece"

Marta Minguella, pedagoga musical, compositora de música y canciones para niños

IMA SANCHÍS

64 años. Nací y vivo en Barcelona. Estudié la carrera de solfeo, piano, guitarra, instrumental Orff Schulwerk y la de Pedagogía Musical. Ahora formo a niños de 5 meses a 5 años. Soltera, vivo con mis dos perritas: Pupi y Nina.Los políticos trabajan para sí mismos. Soy católica

Una vida entusiasta En su blog, consultado por niños y adultos, se define como "espécimen un poco extravagante, resistente a 16.000 niños". Tiene 200 primeros premios de música internacionales, varios libros publicados, un estudio inédito sobre la estimulación a través de la música de los bebés prematuros. Ha ganado tres veces el Zecchino d'Oro, en Bolonia, el mayor festival de música infantil. Entre otras, es suya la canción de las muñecas de Famosa. No hace mucho tropezó con una baldosa levan

De pequeña nunca quería comer.

¿Y eso?

Hija única, nieta única, sobrina única… Mi madre dijo: "Esta niña va a ser un petardo", y con dos años y medio decidió llevarme al colegio.

Entiendo.

A mi padre, autodidacta, le gustaba tocar el piano. Yo siempre le miraba. Un día mi abuela me sentó en el piano para, entre nota y nota, meterme cucharada: "Toca, Martita, toca"... Y con las dos manos toqué toda suerte de canciones que oía en la radio.

Qué susto.

A mi abuela se le cayó el plato. Mi madre, asustada, llamó a mi padre, que también quedó mudo. Consultaron con el psicólogo del colegio y les dijo: "Cuidado, que le puede explotar el cerebro. No la dejen tocar".

Qué bruto.

Una lástima, aun así no pudo conmigo. Llegó Navidad, todavía no tenía los tres años, y mi madre me preguntó: "¿No te han enseñado a cantar villancicos en el cole?". "Sí, pero no me los sé - le contesté-,si quieres los toco". Y estuve toda la tarde tocando villancicos. Esperaron a que cumpliera cinco años para llevarme a estudiar piano. A los once había terminado la carrera de piano no oficial, en las academias Granados y Marshall.

¿Qué fue de usted?

Me llevaron al conservatorio a empezar de nuevo. Hice la carrera de solfeo, armonía, historia del arte, formas musicales, composición, historia de la música, piano, guitarra, acordeón, instrumental Orff Schulwerk, los dos años de música de cámara y el deseado virtuosismo.

Pero no eligió ningún instrumento.

Cada uno de mis maestros se empeñó en que fuera concertista, pero a mí lo que me gustaba eran los niños. En aquella época se hacía el servicio social, que consistía en una prestación social de tres meses. Yo escogí ir a la guardería más necesitada de Barcelona, en la Verneda, y me quedé tres años.

Apasionada.

Mucho. Ver cómo los niños reaccionaban a la música me aclaró mi destino, quería dedicarme a la pedagogía musical y a la musicoterapia, algo que aquí no existía.

¿Adónde fue a parar?

En el Mozarteum de Salzburgo me doctoré en pedagogía musical y estudié musicoterapia; y en Viena practicaba una técnica de piano para la agilidad. Fui muy feliz.

Renunció a una cátedra.

Sí, a la cátedra de Guitarra del Conservatorio Superior de Música de Sevilla. Si aceptaba, me convertía en la catedrática de Música más joven de España.

¿En qué consiste su método?

Despertar la creatividad y el amor por la música a la vez que educas el oído e introduces instrumentos hasta que uno de ellos escoge al alumno. Yo enmarco la música en algo mucho más amplio: se actúa, se juega.

¿No hay que practicar y practicar?

Hay que enamorarse. No hay nada más pedagógico que el entusiasmo. La agresividad, el desinterés por aprender, la apatía, todo eso se puede corregir con la música.

¿Cómo le fue en la Verneda?

Además de música les enseñaba mimo. Les apunté a un concurso de teatro y arrasaron. Para ellos aquella copa fue un mundo. Luego la vida dio un vuelco y acabé de profesora en los mejores colegios de Barcelona.

¿Cuál es la diferencia entre los niños ricos y los pobres?

Unos tienen de todo; los otros tienen el ejemplo de padres que salen y entran de la cárcel, discusiones acaloradas y gritos. Pero si logras abstraerlos de ese ambiente, son idénticos, los mismos gustos e inocencia.

¿Cómo nació el grupo Nins?

A los 19 años, en los setenta, y durante tres años fui jurado para TVE de un festival de canciones infantiles. Se trataba de gente adulta cantando canciones de niños: José Luis Moreno, Marisa Medina, los Calatrava... A mí eso no me gustaba, ¡pobres niños!

Y decidió solucionarlo.

Siempre evité que los Nins se convirtieran en artistas.Los niños deben ser niños, disfrutar de serlo. Creé 22 formaciones, ganamos casi todos los festivales internacionales y grabamos 200 discos, pero nunca firmé un contrato discográfico que los obligara a promociones, ni les permití hacer películas.

¿Qué sabe de ellos?

Mantengo contacto con todos los Nins que han pasado por mi vida durante 35 años.

¿Por qué no tuvo hijos?

Yo quería tener muchos hijos y llevármelos a cantar por el mundo. Pero cuando murió mi padre me afloró una enfermedad muy grave, lupus, que me ha impedido tenerlos.

Debió de ser una época oscura.

Sí, pero yo siempre he tenido buen humor. A mi madre se le había muerto el marido y le decían que yo me moría, y reaccioné como si fuera la joven más sana del mundo.

Empezó con 17 años dando clases...

Y no he parado. No sé qué he aprendido, pero tengo dentro de mí una especie de ramillete de globos de colorines, de felicidad. Me siento muy llena, los primeros 50 años de mi vida han sido como 300, me han dado tanto que no se puede calibrar.

¿Qué ha sido lo más difícil?

Perder a toda la familia y sonreír cuando he estado mal. Pero si sonríes en la adversidad, tu mal mengua. Creo que lo más importante en esta vida es saber buscarte la diversión en lo que hagas y aceptar el devenir.