«Los oncólogos optimistas consiguen más curaciones»

ÀNGELS GALLARDO

Josep Baselga (Barcelona, 1959), dirige a un exclusivo equipo de 150 investigadores que experimentan nuevas moléculas contra el cáncer. Ahora trabajan en espacios del Hospital de Vall d’Hebron, pero dentro de dos años estrenarán un edificio de siete plantas, el VHIO, levantado gracias a la aportación de tres potentes fundaciones privadas. Aspira a dar sorpresas.

–¿Los oncólogos son excesivamente optimistas al hablar del cáncer?
–Lo más fácil, en el tema del cáncer, es ser pesimista. Cuando tengo frente a mí a un enfermo, me resultaría sencillo exponerle el lado negativo, pesimista, de lo que le puede ocurrir. Sería muy fácil y, además, pase lo que pase, yo ya estaría cubierto. Pero no lo hago así.

–¿Hay quien sí lo hace así?
–Sí. De hecho, existe una escuela muy europea de malas noticias. Es la escuela de oncólogos holandeses, que siguen también los ingleses. Ellos dan al enfermo la peor versión sobre la evolución que puede tener su tumor, poniendo el énfasis en que tal vez todo acabe muy mal. Siempre el peor pronóstico. Los oncólogos de la escuela optimista seguimos una filosofía distinta.

–¿Cómo es esa filosofía positiva?
–Nosotros somos el apoyo del enfermo. Siempre hemos de decirle la verdad, pero, como nunca acabas de saber del todo cuál es esa verdad, no hay que tener miedo a ser optimista. Se trata de ayudar al enfermo a que sea luchador, a que lo intente todo, pase lo que pase. Él y yo, juntos, nos remangamos y decidimos luchar. No me extrañaría que esa actitud favorezca la respuesta inmunológica.

–¿Los enfermos le siguen?
–Yo intento siempre que mis pacientes salgan de la consulta con fuerzas para luchar. Las estadísticas sobre cáncer siempre te dejan agujeros por los que puedes actuar. Con el cáncer de mama, por ejemplo, es fácil ser optimista: estamos curando al 89% de las enfermas. Con dificultades, pero se curan. Y el 87% siguen vivas 10 años después.

–¿Cuál de esas dos actitudes da mejor resultado a los enfermos?
–La positiva. En los países cuyos oncólogos infunden optimismo, el índice de curación es superior. Los oncólogos optimistas consiguen más curaciones. Y lo contrario pasa con los que siguen la línea holandesa: tienen mayor mortalidad por cáncer. Gran Bretaña entre ellos. También ocurre a veces que los oncólogos optimistas son mejores médicos.

–¿Coincidencia o consecuencia?
–Coincidencia. En Estados Unidos, los enfermos de cáncer tratados en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center, cuyos oncólogos son de la línea proactiva optimista, viven más que los tratados en el hospital de la Universidad de Nueva York. Esto está tan bien demostrado que el Memorial cobra más a las aseguradoras, porque puede alegar con datos que sus pacientes viven más.

–¿Dentro de España también ocurre esa desigual curación?
–Yo creo que sí. Más que por desigualdad entre comunidades autónomas, por diferencias entre los oncólogos y los hospitales.

–Si el cáncer de mama es la primera causa de muerte entre las mujeres de Occidente, y dice usted que un 89% de las enfermas se curan, eso significa que hay muchísimo.
–Muchísimo. En Europa, la incidencia de este cáncer es brutal. La cifra de nuevos casos anuales es altísima. Y creciendo. Creciendo mucho.

–¿Hay alguna explicación?
–Existe un motivo hormonal clarísimo: los estrógenos –hormonas femeninas– son un factor de riesgo de este cáncer, y ahora las mujeres pasan más años que sus abuelas expuestas a los estrógenos.

–¿Más años?
–Así es. Por varias razones: las niñas tienen la primera menstruación años antes que sus madres; comen en exceso y sufren obesidad; no se quedan embarazadas a la edad en que lo hacían sus abuelas –a los 20 años–, tienen pocos hijos y apenas les dan de mamar. La lactancia materna protege del cáncer de mama, pero el resto de factores citados lo favorecen. Antes, los niños mamaban hasta los 4 o 5 años.

–¿A qué edad conviene ser madre?
–Antes de los 20 años. Un imposible aquí y ahora. Solo se hace así en Suramérica y en África. En los últimos 100 años, en Occidente ha habido una disociación brutal entre la edad de desarrollo personal y el cuerpo humano, que se ha quedado atrás.

–¿Muy atrás?
–El cuerpo de hombres y mujeres está programado para tener hijos a los 20 años, el momento en que se inicia la madurez sexual. A esa edad, la maquinaria biológica está perfecta. Ahora, a los 20 años las mujeres están en segundo de carrera. Y después buscarán trabajo, comprarán un piso...

–El cuerpo nunca entenderá eso.
–Si. Lo acabará entendiendo, y se adaptará, pero, evolutivamente, costará unos 100.000 años.