«El pecho es parte de la identidad de una mujer, pero lo cambié por mi vida»

E. Corrales

El cáncer de mama aumenta entre las mujeres más jóvenes. Casi el 40% de las pacientes tienen menos de 50 años, hijos pequeños y una vida sexual activa

Muchas de ellas tienen problemas con sus parejas y el 15% acaban divorciándose. Tener un compañero a la altura es clave.

EVA MELÚS

«Soy auxiliar infantil y tengo 40 años. Hace ya siete años que me extirparon el pecho. Soy optimista, aunque el cáncer es un pilotito en ámbar o como dicen los médicos, «en remisión aparente». Cáncer. Mi marido estaba conmigo cuando el médico dijo la palabra y ya no pude escuchar nada más. «¿Me voy a morir?», pensé. «¿Y mis niñas?», me dije. Aparentemente, Antonio lo llevó mejor que yo. Siempre entraba en casa con una sonrisa, aunque perdió siete kilos. Me pasé los cuatro meses de quimioterapia pidiéndole perdón. No quería dar pena y estaba muy cabreada por lo que me estaba pasando. Pero Antonio no tenía la culpa. No era culpa de nadie. Así que pasaba cuatro días mal, vomitando y sin hambre, y al quinto decía, se acabó. Me vestía, me pintaba y salía a la calle. Ya era yo.

El cirujano me dijo que para alguien de mi edad sería duro, pero que no podía salvarme el pecho. El pecho es parte de la identidad de una mujer, pero lo cambié por mi vida.

Decírselo a las niñas fue lo más difícil. Freía patatas. No dije la palabra cáncer. Recuerdo la cara de mi hija Lorena, que tenía 12 años. No dijo absolutamente nada, pero aquel día nos llamaron del colegio. No sabían lo que le pasaba. Estaba bloqueada.

Aquellos noches antes de la operación pasaba de una habitación a otra para ver a Antonio y a las niñas dormir. Me abrazaba a él y le decía que no me quería morir. Después me preguntaba por qué le decía esas cosas, pero necesitaba hacerlo. Nuestra vida sexual fue muy intensa. Por si me pasa algo, pensaba. Pero salí.

No me dejaron derrumbarme. Tu pareja tiene la fuerza para conseguir hacerte ver que sigues siendo una mujer. En octubre, la fotografía que me hizo Judith Vizcarra para la exposición L'orgull de l'absència, se verá en la Casa Elizalde. Mi cicatriz se ve, pero me sentí una princesa».