«Con trabajo e ilusión, puedes llegar adonde quieras»

Anna Tarrés

LUIS MENDIOLA

Aunque es licenciada en Filología Anglogermánica, siempre se ha dedicado a la sincronizada. Nacida en Barcelona (1967), hija de un profesor de Matemáticas y de una profesora de Física y Química, sus genes pedagógicos han acabado por aflorar, igual que su arrolladora vitalidad. Con ella, este deporte ha pasado de la nada a las siete medallas en el Mundial de Roma del 2009.


–Catalana del año ¿Se lo imagina?
–El éxito de la sincro ha sido un poco así, la lucha por lo imposible, por tanto, ¿por qué no? Es lucha, un poco de talento y mucho trabajo, y le hemos demostrado a la gente que con trabajo y con ilusión, puedes llegar adonde quieras.


–Dígame, ¿cuál es el mérito de sus chicas?
–Yo creo que haber hecho que un deporte minoritario, femenino, que nadie conocía hace 10 años, que nadie sabía que existía, sea un modelo de deportistas, de trabajo en equipo, de voluntad de mejora, de espíritu de superación, de equipo ganador.


–Hasta que aparecieron ustedes, la imagen que existía de la sincro era la de un ballet acuático. ¿Las miran ahora con respeto?
–Creo que sí, porque la gente ha visto, primero, que trabajamos mucho. Y, después, que hemos logrado resultados. El proceso ha sido durísimo. A veces las chicas ríen por no llorar, porque si expresaran el dolor que notan en las piernas cuando compiten, igual estarían llorando toda la coreografía. Pero ahora, cuando nos ven, la gente piensa: pues a lo mejor es verdad que necesitan ocho y nueve horas diarias de entrenamiento.


–¿Qué hay detrás de las siete medallas del Mundial de Roma?
–La vida de mucha gente completamente dedicada a esto. Puede que las chicas y yo seamos en estos momentos las cabezas visibles, pero también hay mucha gente detrás apoyando al equipo y su filosofía de trabajo en una especialidad que, a nivel mundial, ha apostado por mostrar un rasgo diferencial como es la innovación, ya sea en la música, en la coreografía, en los bañadores...


–Una de estas historias es la de una niña que se enamora de un deporte y acaba transmitiéndolo a los demás...–En mi familia no existía vinculación al mundo del deporte. Yo empecé a nadar en El Serral, en un pueblecito de la Conca de Barberà. Ya apuntaba maneras, aunque era un poco rebelde. Me aburría, y descubrí la sincronizada a través de una niña que hacía la catequesis conmigo. Fue de casualidad. Me llevaron a un club, el Kallipolis, a entrenar con César Villegas. Era buena nadadora y buena gimnasta. Aquello me gustaba. En poco tiempo quedé campeona de España y acudí a Los Ángeles-84, los primeros Juegos en los que se disputaba la sincro. Pero vi que lo mío no era estar dentro del agua, sino enseñar. Dio la casualidad de que entonces ya pasaron por mis manos Gisela (Morón), Irina (Rodríguez) y Gemma (Mengual). Y así hasta hoy...


–Como entrenadora, le han salido los genes familiares.–Yo creo que sí. Hablando con mis padres, me decían que, cuando era pequeña, siempre estaba dándole clases a mis hermanas. Hay una parte vocacional. Y por mucho carácter duro que tenga, también tengo mucha paciencia. Hace 20 años, empecé con Gemma, Irina y Gisela, y no hemos tenido mucha prisa por llegar. Siempre hemos pensado que llegaría nuestro momento.


–De usted se ha dicho que es exigente, perfeccionista, absorbente, hiperactiva...
–No son rasgos excesivamente malos, ¿no? Quizá mi peor defecto es que soy igual de exigente con los demás que conmigo misma, con la diferencia de que uno mismo se pone límites y con los demás es difícil establecerlos. Eso lo he aprendido con la edad. También a delegar. Pero sobre todo tengo pasión por lo que me gusta y, por tanto, se me olvida el reloj. Y soy una esponja. No paro de aprender. Cuando empecé nadando no sabía casi nada de la sincro. Fui 16ª en los Juegos...


–La imagen de Gemma Mengual le ha puesto un rostro al esfuerzo de todo el grupo.–Gemma simboliza el éxito del equipo. El éxito de la sincro. Sin el equipo, posiblemente no hubiera existido Gemma, y sin ella, el equipo no hubiera llegado adonde ha llegado a nivel mediático. Gemma nos ha dado ese estatus por lo que es y por todo lo que ha hecho en su carrera.


–El listón de las siete medallas está muy alto y Gemma se plantea la retirada ¿Habrá que mirar para abajo a partir de ahora?
–No, hay que seguir mirando hacia arriba, hacia el oro. Ese es el reto para los próximos Juegos. Nuestra ventaja es que hemos tenido que trabajar tanto, que hemos aprendido mucho en el camino. Tenemos una estructura montada, con el Centre de Tecnificació, y una cantera, que básicamente se concentra aquí, en Catalunya. El equipo tiene menos experiencia competitiva, pero es mucho más joven, y yo diría que actualmente con una ambición igual que la que tenía el otro grupo. Tenemos sirenas para muchos años.