"La competencia es la madre de la ciencia... y de la vida"

Erwin Neher, premio Nobel de Medicina; investiga en el Instituto Max Planck

LLUÍS AMIGUET

Tengo 65 años: la edad hace más fácil identificar un problema y más difícil identificarse con él. Soy bávaro. Tengo cinco hijos. Soy de cultura católica. Fui idealista en el 68: hoy sé que las ideas a veces dificultan las soluciones. Competencia y cooperación nos hacen quienes somos

¿Cómo se gana un premio Nobel?

Lo primero es identificar un problema...

...

Y después tienes que identificarte con él.

¿Y qué cuesta más?

Una vez identificas el problema, si de verdad eres investigador, no tienes que hacer un gran esfuerzo para identificarte con él.

Pues la ciencia no parece tan fácil.

Lo es si eres capaz de abandonarte al que has convertido en tu problema: levantarte y acostarte con él y también de dormir con él; soñar con él; hacerlo tan tuyo que al final enfrentarte a él acaba siendo un poco como enfrentarte contigo mismo.

¿Cómo identificas un problema?

Eso es más fácil para mí ahora y en cambio me cuesta más identificarme con él. Con los años; desarrollas una experiencia que forma el instinto, una mezcla de razón y del recuerdo de muchos casos vividos que te permiten ver dónde hay un problema y dónde hay sólo un enigma...

¿No es lo mismo?

Un problema sin solución no es un problema y no debes dedicarle ni un minuto. Y lo puedo decir hoy con el corazón en la mano, porque he pasado muchas horas y muy amargas tratando de aceptar que un problema que era mi vida era sólo un misterio, un reto, un rompecabezas, pero en cualquier caso, una pérdida de tiempo.

¿Ahora ayuda a identificar problemas?

Sí, porque con la edad sabes identificarlos mejor, pero te identificas peor con ellos, porque tienes obligaciones, compromisos, representaciones... Como este mismo debate.

Siento distraerle.

No lo sienta. Es parte de mi trabajo, pero el servicio a la sociedad y la divulgación te distrae de tu problema y puedes permitirte dejarlo a medias. En cambio, cuando era joven, jamás dejaba un problema sin resolver ni siquiera lo aparcaba unos días, porque era como dejarme a mí mismo a medias.

¿Y ahora no se siente incompleto?

También tengo vanidad, claro, soy humano, pero este ajetreo social es difícilmente compatible con esa necesidad íntima de no abandonar tu problema hasta que te descubra otros nuevos problemas al resolverlo.

Pero un laboratorio es un equipo.

Absolutamente, y por eso en mi equipo no busco amantes de la ciencia que se dedican a la ciencia para salvar el mundo...

¿No...?

Busco a investigadores que no puedan dormir por resolver ese problema que es suyo.

¿Cuál es el secreto de un gran equipo?

Conseguir que sus integrantes compitan y cooperen de una forma confortante y estimulante a la vez. Que se mueran por encontrar una solución antes que los otros, pero también que vivan para poder compartirla con los demás y así el éxito sea de todos.

Con más dinero, ¿mejor investigación?

No es tan simple. A veces demasiado dinero asegura una mala investigación.

¡. ..!

Porque desincentiva la competencia. Y la competencia es la madre de la ciencia... y de la vida. Si quiere resultados, ponga a varios equipos a competir para conseguir los mismos fondos.

¿Con demasiado dinero no compiten?

Invertir demasiado dinero de cara a la galería por motivos electorales garantiza mucha investigación y también muy mala.

¿Por qué?

Porque la opinión pública presiona para que se ponga dinero en hallar cura para una enfermedad, pero la solución tal vez no esté en la investigación directa sobre ella, sino seguramente en un rodeo imprescindible que pasa por la investigación básica.

De mucho menos relumbrón.

Por eso le decía antes que un investigador es quien se identifica con un problema; no quien quiere solucionar los problemas de los demás: tienes que estar atento a las necesidades de tu especie, desde luego, pero no puedes limitarte a dar satisfacción a lo que la opinión pública y los políticos creen porque a menudo no conduce a ningún sitio.

Y después está la suerte.

Pero cuando llama a la puerta del laboratorio, tú tienes que estar dentro y trabajando: obsesionado por el problema. ¿Recuerda cómo Fleming descubrió la penicilina?

Por casualidad.

Por un descuido que contaminó sus bandejas de cultivos bacterianos...

Parece que se le cayó un moco en ellas; otros citan un descuido de la limpiadora.

Lo importante no es esa casualidad; sino la obsesión de Fleming por el problema que le hacía pasar horas y horas con sus cultivos: así que cuando llegó la casualidad, fuera cual fuera, le pilló trabajando en ellos.

¿Usted ha vivido alguna parecida?

Sí. Nosotros descubrimos de una forma similar nuestro método patch-clamp:la obsesión, cientos de ensayos y de repente la casualidad que te da la clave de la solución.

¿Qué problema solucionó?

Mejoró la medición de microcorrientes en fisiología y resultó determinante en el éxito de la investigación por la que nos dieron el premio Nobel a Bert Sakmann y a mí.

¿Se aplica hoy en algún campo?

El flujo de iones entre neuronas y los canales de iones entre membranas celulares tienen aplicaciones en alzheimer, epilepsia, cardiopatías, diabetes, en dolencias genéticas... y en su farmacología.