«Los adultos deben aprender ecología»

Dominique Voynet

Ha puesto en Barcelona sus más de 30 años de experiencia ecologista al servicio del Global Eco Forum. De la calle, pasó al despacho. Siempre en verde.

Dominique Voynet. Foto: DANNY CAMINAL

Se bregó en la lucha ecologista en las manifestaciones antinucleares de los años 70. A partir de ahí, Dominique Voynet (Montbéliard, 1958) fundó los Verdes, fue la primera ministra ecologista de la historia francesa, en el Gabinete del socialista Lionel Jospin, y senadora. Desde el 2008, gobierna la ciudad de Montreuil, donde hay gente procedente de 90 países diferentes. No ha perdido la capacidad de observar y de escuchar. Para un político, eso es mucho.


–¿Por dónde empezamos: el agua, los alimentos, el aire, el bosque?
–El interés y la complejidad de los temas ecologistas radica en que todos están vinculados. Entre los impactos por el cambio climático, por ejemplo, está el ejercido sobre la manera de vivir de los habitantes del planeta, la biodiversidad y la distribución de las especies. En aguas del Atlántico norte aparecen especies que estaban acantonadas en el Caribe.

–¿Empezar, tal vez, por la educación de los jóvenes?
–Me enfado con este tema. Hay hombres y mujeres de 40 a 50 años que nos dicen que la educación medioambiental de los jóvenes es prioritaria, como si tuviéramos que renunciar a hacer algo ahora, como si esperáramos a que nuestros hijos reparen los daños de las políticas irresponsables actuales. La educación debe ser primero para los adultos, para los que ahora toman las decisiones: parlamentarios, empresarios, políticos que consideran que las cuestiones ecologistas son marginales y que se tratarán, por ejemplo, cuando no haya paro.

–¿Por qué hay gente que niega el cambio climático?
–No es una cuestión de fe, sino de ciencia. Es una realidad tan concreta que justifica la acción.
–Pero hay cosas... Queremos luchar contra la contaminación, pero ayudamos a las firmas de coches que contaminan.
–En la ecología es complicado tener planes de transformación de la calidad suficientemente coherentes y que duren. No se puede decir a los asalariados del sector del automóvil que espabilen o que se quedan sin trabajo porque producen bienes contaminantes. Tenemos la responsabilidad de decirles que necesitaremos menos coches, que es preciso que estos sean menos pesados, que no todos llevarán aire acondicionado, pero que, sin embargo, necesitaremos más bicicletas, autobuses, tranvías y metro para facilitar la vida cotidiana.

–Hay campañas contra el tabaco, pero no sabemos qué comemos.
–Exactamente, y se castiga a los que hacen sonar la alarma, como pasó en Francia con la denuncia sobre la toxicidad de unos disolventes.

–Apostamos, a la vez, por la agricultura biológica y los transgénicos.
–La política agrícola europea se puede considerar como una especie de arma de destrucción masiva. El régimen de apoyo a los agricultores europeos no ha impedido su reducción, ha exacerbado una crisis permanente en el sector. Las ayudas deben llegar en función de la responsabilidad medioambiental, del empleo, de la calidad del producto, de la calidad del medioambiente, del impacto en la calidad del agua. Hay lugares, como Manhattan, en los que se consumen productos bio sin tener en cuenta la consecuencia ecológica de esta alimentación. A Nueva York llegan todos estos productos por avión desde California, por ejemplo.

–Y el debate nuclear.
–La realidad es muy sutil. Por un lado tenemos un discurso global sobre el relanzamiento nuclear y, por otro, nadie actúa en ese sentido. En Estados Unidos ha habido inversiones masivas en energía solar, eólica, pero no se ha invertido en energía nuclear.

–Como ministra de Jospin, usted participó en la elaboración del Protocolo de Kioto. ¿Qué pasará con el pacto nuevo de Copenhague?
–Los observadores hablan de fracaso, porque la mayoría de los países, cuya adhesión es estratégica, no hacen concesiones. Además, en estos años, hay países que no han cumplido lo acordado.

Es de las pocas mujeres que gestionan una urbe de más de 100.000 habitantes en Francia. ¿Es esta ejemplar?
–En absoluto. Llegué a la alcaldía tras muchos años de comunismo municipal, ejemplar en el discurso pero sin hacer nada en la práctica. El alumbrado era lamentable; la recogida de basura, patética; los edificios no tenían la más mínima renovación desde principios de los años 70. Recupero el tiempo perdido e impulso cosas innovadoras, como un ecobarrio.

–Pero los ecologistas están que se salen tras las europeas.
–Nuestro éxito está fundado en la realidad de la crisis ecológica y la debilidad de los principales partidos de la izquierda tradicional.

–¿Cómo se distinguen, si los otros asumen propuestas ecologistas?
–En Montreuil, el alcalde llevaba un cuarto de siglo, apoyado por el PS y el PC. Los ciudadanos fueron estrategas y eligieron a una persona que encarnaba la renovación de la ciudad y que estaba a la izquierda. Era otra izquierda. La posibilidad de elegir a la propia izquierda ha de ser de los ciudadanos.