«Hay que restablecer la figura de la autoridad»

La 'Supernanny' de Cuatro. La refinada institutriz reaparece hoy dispuesta a seguir domeñando a los niños problemáticos

–¿Cuáles son las novedades más importantes de esta temporada?

--Analizaremos la repercusión del comportamiento de los hijos en los padres. Algunos se someten a terapia de pareja tras resolver el problema del niño, porque se han volcado tanto en él que abandonan su vida conyugal. Otros no coinciden en la forma de educar al crío, chocan y ven deteriorada su relación. También recogeremos por primera vez la problemática franja de edad de los 8 a los 12 años.

–La gente está ahora muy sensibilizada con la falta de disciplina y de respeto que exhiben muchos jóvenes. ¿No harían falta muchas supernannys en los colegios españoles?
--No creo que la solución pase por muchas supernannys (ríe). Lo que sí creo es que hay un debate sobre cómo recuperar la figura de la autoridad de los profesores. En algunos centros, se ha vuelto a implantar el «usted», para que los chavales puedan diferenciar quién es la autoridad. Pero el «usted» no es suficiente.

–¿Qué más hace falta?
--Los padres debemos preguntarnos dónde hemos situado esa figura de la autoridad. Cuando un padre da crédito, automáticamente, a lo que relata un niño y se vuelve contra el profesor, está retirándole la autoridad. Necesitamos devolverles la autoridad desde la familia.

–Lo que pasa es que en el caso de los adolescentes parece ya tarde...
--Sí, puede ser. Es que la labor de prevención es fundamental en los primeros seis años del niño. Cuando llegan a la adolescencia, aparentemente parece que se les ha olvidado todo. Pero no es así: el niño que en casa ha escuchado «no», cuando es adolescente sabe decir que no o acepta que los demás se lo digan. Es cierto que cuanto más mayores somos, más difícil es el cambio. Pero eso no quiere decir que uno no pueda cambiar.

–¿Qué habría que hacer, entonces, para obrar el milagro?
--Ha habido muchos factores, como determinadas leyes y filosofías educativas que llevamos arrastrando y que han provocado la desaparición del concepto de autoridad. Habría que restablecerla, porque los niños y los adolescentes tienen que comprender que, para organizarse y convivir, hay que cumplir una serie de normas y que hay una persona que las dicta. Luego podríamos discutir cómo debe ser esa figura: si no tiene que ser autoritaria como antes, ni tampoco blanda. Lo que es incuestionable es la necesidad de inculcar a los críos hábitos y normas.

–¿Hace algún tipo de seguimiento después de grabar el programa?
--Suelo llamar a los padres para ver cómo van las cosas. Lo hago hasta que se emite el programa por la tele, porque la repercusión que puede tener para el niño aparecer en la pequeña pantalla me gusta trabajarla con las familias. Prefiero que el chaval vaya avisado. Hay padres que prefieren no decirle nada.

–Usted ha sido madre hace dos años. ¿Cómo es Supernanny aplicándose su propia medicina?
--Yo intento aparcar lo profesional y me doy permiso para equivocarme. Soy exactamente igual que otras madres: me enfado, grito y luego digo: «Me he equivocado». Educar es equivocarse. Y es bueno que sea así.

–Siendo usted tan falible como otras mamás, ¿no habrá tenido que echar mano de otra Supernanny...?
--(Ríe) De momento no, pero si tuviera que echar mano de ella, lo haría. Al ser tu propio hijo, la relación afectiva hace que no veas las cosas igual que desde fuera. Ahí entra la parte profesional, que es más racional y te puede ayudar.