En dos lustros, muchas patologías neurodegenerativas se curarán”



Miguel Ángel Merchán afirma que si se consigue retrasar diez años la aparición del Alzheimer, se hablaría prácticamente de curación

DAVID ARRANZ / ICAL


Tras pasar varios años investigando en unas reducidas instalaciones de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca, desde que a finales de los 80 se creara el Instituto de Neurociencias de Castilla y León, su director, Miguel Ángel Merchán, ha logrado uno de sus sueños, contar con un edificio propio en el que poder crecer. Ahora anhela un centro de neuroimagen que debería salir cuando arrecie el temporal económico. Situaría a la región a la vanguardia en este campo de la biomedicina, al que Merchán ha dedicado, “piano, pianito”, 30 años de su vida. “Me gustan mucho los retos, las cosas difíciles de alcanzar, y en el sistema nervioso te das cuenta de lo pequeño que eres. Nunca llegas al final, hay mucho por recorrer y el camino es apasionante”.

¿En qué fase se encuentra la investigación en neurociencias, qué puede aportar en la próxima década?
Estamos en la década del cerebro. A diferencia de otras ciencias biomédicas, la neurociencia lleva consigo la base biológica y la inteligencia artificial, la robótica y un conjunto de ciencias de la computación. Los modelos que se están generando son muy importantes en la industria de la medicina y de la electrónica. En este momento, es una de las ramas del saber que tiene más incógnitas y más futuro. Investigar el cerebro es como investigar el cosmos, estás obteniendo muchísima información muy útil para muchísimas cosas. Este carácter multidisciplinar de la neurociencia hace pensar que en la próxima década vamos a asistir a un período expansivo de enorme importancia.

¿Existe alguna esperanza a corto o medio plazo para poner freno a patologías como el Parkinson y el Alzheimer?
Las enfermedades neurodegenerativas están creciendo por el aumento de la esperanza de vida. Mientras otras partes del organismo se regeneran con mayor facilidad, el sistema nervioso es un poco especial, tiene una inmunidad diferente y sus células son muy peculiares. Estas enfermedades son consecuencia de toda esta complejidad del sistema. En un período relativamente corto, un lustro o dos, veremos que habrá muchas patologías, que hoy tienen un tratamiento no demasiado eficaz, que se tratan y se curan.

¿En general, existe alguna predisposición genética a padecerlas?
Los análisis incluyen la genética, pero no es sólo cuestión de genética. En las enfermedades del sistema nervioso los factores claves son muy diversos, hay una gran cantidad de factores con más peso relacionados con el metabolismo neuronal y con la capacidad reparativa y la alteración de esa capacidad de reparación, la plasticidad del sistema nervioso.

¿En qué medida el consumo de drogas, el estrés y los hábitos de vida influyen en la aparición de estas enfermedades?
Las enfermedades mentales van a prevalecer, no sé si tanto como las neurodegenerativas, pero bastante. El ritmo de vida actual va a desembocar, probablemente, en un incremento espectacular de la patología mental y de la sordera, que es ya la más prevalente en países como España. Éstas son razones que vienen a generar un panorama más sombrío, todavía, de la patología del sistema nervioso. Si incluyéramos las enfermedades neurodegenerativas, la sordera y las enfermedades mentales, probablemente la patología del sistema nervioso estaría por encima de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

¿Hay un test genético que pueda detectar de forma precoz estas patologías?
Hay una actividad de investigación en prevención bastante importante, y en algunas de las patologías se puede dar consejo genético, pero sólo en un porcentaje relativamente pequeño. Por ejemplo, en esquizofrenia hay cierta prevalencia genética, eso está muy demostrado; en otras enfermedades, como puede ser el Alzheimer, se habla de que hay cierta predisposición cuando hay algunas alteraciones cromosómicas o algún perfil cromosómico concreto, pero no está en absoluto confirmado que haya una base genética de entrada que desencadene, sino que simplemente favorece. No se debe utilizar la base genética como un único elemento para dedicar una patología preventiva. El influjo ambiental es mucho más relevante que la genética en la mayoría de estas enfermedades.

Por lo tanto, carece de sentido que se incluya en la cartera de servicios.
Un screening en general como para el cáncer de colón no es rentable. Ni la OMS lo ha sugerido, ni ningún país se lo ha planteado. Nosotros trabajamos desde hace cinco años con el reflejo auditivo de sobresalto –un sistema para medir la velocidad de respuesta de la contracción muscular-. Es un diagnóstico previo de la drogadicción, del Parkinson y de algunas otras patologías. Son pruebas incruentas que permiten prever que va a haber una enfermedad a partir de las alteraciones del sistema nervioso. Puede ser una técnica de prevención interesante en el futuro; hay bastantes resultados, y ahora tenemos que analizar si merece la pena implantarlo como prueba diagnóstica.

¿Qué puede aportar la neurociencia al tratamiento de la enfermedad mental?
Hay investigación en los campos de la farmacología, de la genética… En su día se habló, y se sigue haciendo, de la vacuna frente al Alzheimer… La neurociencia lo que tiene que aportar es el conocimiento profundo de los mecanismos de la neurodegeneración que desencadenan el proceso que, de momento, hay dificultades para poder pararlo. Se trabaja también en la línea de estimular la plasticidad del sistema nervioso para retrasar la enfermedad en la medida de lo posible. Estamos frente a una patología, el Alzheimer, que si se consigue retrasar diez años, se puede hablar, prácticamente, de curación, porque los pacientes suelen estar en el filo de los 70 y 80 años y más. Los métodos de estimulación plástica del sistema nervioso para retrasar la sintomatología y mejorar el estado de los enfermos son estrategias casi tan buenas como es la curación de la enfermedad.

Uno de sus próximos sueños, lo ha dicho, es que la comunidad cuente con un centro de neuroimagen. ¿En qué consiste, qué supondría?
Debería salir adelante en momentos de mejor bonanza económica. Los modelos animales, por mucho que se reproduzcan, no se pueden comparar con la patología humana porque estamos hablando del sistema nervioso. Lo que nos queda, para enfermedades concretas, es el banco de tejidos, pero sobre todo, las técnicas de neuroimagen. El proyecto incluye unidades asociadas de investigación en la propia técnica, en el propio método. Hay muy pocos centros así en Europa y Estados Unidos, y está demostrado que tienen una enorme rentabilidad en investigación, lo que ocurre es que tiene un desembolso inicial importante. Bien es verdad que las empresas, sobre todo la industria farmacéutica, lo apoyarían. Es muy útil para probar medicamentos. Supondría una inversión de 20 ó 25 millones de euros, que en un período de cuatro años estaría amortizada y en cinco, dando beneficios. Implicaría 15 empleos de alto nivel.