Los no fumadores en lucha por su derecho a la salud

Arnoldo Kraus
Tabaquismo: ejercicios de tolerancia

En contra de lo que muchos creen, no pertenece a Voltaire la sentencia: “No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero voy a defender con mi propia vida su derecho a decirlo” (esa frase fue incluida por primera vez en un libro de Evelyn Hall titulado Los amigos de Voltaire, escrito en 1906). Esa idea se utiliza con frecuencia cuando de tolerancia se habla. Es evidente que al discutir acerca del tabaquismo son los amigos del tabaco los que están equivocados. Equivocados porque desde hace tiempo se sabe que los fumadores pasivos se enferman y porque con ello se incrementan las ganancias de las tabacaleras, que ni son mexicanas ni son éticas (Mea culpa: imposible no decir que, en ocasiones, cuando degusto cenas con amigos, fumo un purito).

Los dueños de las tabacaleras padecen uno de los tumores más frecuentes: cáncer amoral. Exportan el tabaco de países tropicales, venden caro su producto, pagan mal a quienes lo cosechan, enferman y matan a sus consumidores y no se responsabilizan por los daños que producen. Además, logran convencer a algunas secretarías de salud, como la de México, acerca de su humanismo y de sus buenas actitudes. No sobra recordar que en el sexenio pasado pactaron con quien haya resultado responsable un trato sin duda vil: por cada paquete de cigarros vendido las tabacaleras donarían un peso para que se usase en fondos destinados a aliviar la salud. Aunque no recuerdo bien, el fondo tenía el nauseabundo mote, palabras más, palabras menos, de “fondo para gastos catastróficos de salud”. Así que, con Voltaire y sin Voltaire, con mi puro y sin mi puro, la decisión del Senado y de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal de prohibir fumar en espacios cerrados me parece muy adecuada. La resolución es ética.

Son dos las razones por las cuales es lícita la prohibición de fumar. La primera, como ya señalé, se refiere a los daños que sufren quienes cultivan el tabaco, aunados al maltrato económico y humano que hacen con sus empleados las compañías tabacaleras. La segunda son las enfermedades producidas por el tabaco y cuyos gastos son imposibles de afrontar.

Con respecto al cultivo de tabaco la ausencia de ética de las tabacaleras es abominable. Entresaco, dentro de una miriada de documentos, algunos datos. Los enlisto para su mejor comprensión: 1) El promedio de edad de los menores que trabajan en los campos de tabaco es de cuatro años y medio; por cada varón laboran dos niñas. 2) Se sabe que las condiciones de vida en los campos de tabaco son peores para los jornaleros indígenas que para cualquier otro jornalero. 3) En los países pobres, México entre ellos, las personas que cultivan tabaco viven cerca o dentro de las plantaciones y tienen contacto directo con los químicos que se aplican a los cultivos, cuyos efectos adversos para la salud pueden ser múltiples. 4) En Nayarit se ha documentado que la exposición a plaguicidas en mujeres gestantes se relaciona con malformaciones congénitas en sus hijos. 5) Noventa por ciento de los indígenas que trabajan para las tabacaleras cocinan sus alimentos al ras del piso; sólo 57 por ciento beben agua purificada, 31 por ciento carecen de agua limpia para lavarse las manos, 38 por ciento no tienen jabón y 23 por ciento utilizan agua de río o de canales para uso doméstico. La falta de agua y la forma de cocinar incrementa la exposición a los plaguicidas.

En relación con la salud efectúo el mismo ejercicio: 1) El consumo de tabaco y la exposición a su humo es la principal causa de muerte evitable en el mundo. 2) Es probable que entre 2006 y 2020 se dupliquen las muertes atribuibles al tabaco; el incremento podría ser de 5 a 10 millones anuales; 70 por ciento de esas muertes se producirán en países en vías de desarrollo. 3) Se sabe que los adolescentes que fuman tienen mayores posibilidades de ingerir alcohol y de consumir otras drogas. El riesgo se incrementa hasta 13 veces. 4) La Organización Mundial de la Salud calcula que alrededor de 700 millones de niños respiran aire contaminado por humo de tabaco. 5) La Organización Internacional del Trabajo estima que mueren como mínimo 200 mil empleados al año debido a la exposición en el trabajo a humo de tabaco ajeno (fumadores pasivos).

Agrego que las enfermedades vinculadas con el tabaco son devastadoras, tanto para las personas –sufren mucho y mueren muchos– como para la sociedad que tiene que afrontar los gastos. Algunos estudiosos, como el doctor John R. Seffrin, aseguran que “el sector tabaco es una peste que genera sufrimientos comparables a los estragos de la guerra, el hambre y la miseria”. Estoy convencido de que Seffrin tiene razón y que el Senado y la ALDF decidieron correctamente. Estoy convencido también de que, aunque no fue Voltaire el autor de la frase con la que di inicio a estas líneas, es muy importante ser intolerante con las tabacaleras, ya que el cáncer de pulmón y de vejiga producido por el tabaco se asocia al cáncer moral que arropa las actitudes y las mañas de esas compañías.