LA ACCIÓN DE LOS REMEDIOS FLORALES


Es la de elevar nuestras vibraciones y abrir nuestros canales para la recepción de nuestro Ser Espiritual, nuestra naturaleza con la virtud arquetípica que necesitamos y hacer desaparecer en nosotros los defectos o fallas que nos están dañando y causando dolor.

Para curarse no basta sólo la acción de terceros, sino la autoayuda, que permite erradicar la imperfección y aprender la lección. No es suficiente reprimir los síntomas porque eso es dar alivio aparente sin mover las causas y es sólo una cura superficial y artificial. La curación debe venir de nosotros mismos por vía de reconocer y corregir lo que no está en armonía en nosotros, que es lo que produce los síntomas o las enfermedades.

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Como no entendemos la causa real, hemos atribuido esta inarmonía a las influencias externas como gérmenes, frío, calor, y hemos dado nombre a los resultados: artritis, asma, cáncer, etc., pensando que la enfermedad empieza en el cuerpo físico.

No hay curación real, a menos que haya un cambio de perspectiva con la cual el hombre ve el mundo, que le permita lograr la paz y la felicidad interior. Esta nueva dirección de la medicina, que ayuda al cuerpo a movilizar sus propias capacidades curativas internas, difiere del concepto de la pastilla tranquilizante que relaja dentro de los primeros 15 a 30 minutos. Este efecto durará de 6 a 8 horas y después reaparecerá lo que había antes.

Inversamente, si se han elegido correctamente las flores de Bach y tomado el tiempo suficiente, el efecto es profundo y duradero. Algunas actúan más rápidamente que otras, dependiendo de cada individuo, y ayudan a resolver conflictos de raíces profundas como oposición a la paliación de síntomas. Pueden ayudar a modificar situaciones enquistadas durante años y que a veces aun con ayuda psicológica son difíciles de remove

Fuente: http://drvillamil.blogspot.com