"Esconder el sufrimiento causa más sufrimiento"

Xavier Gómez-Batiste.Inició las unidades que ayudan a estar en paz al final de la vida. Ejerce, en nombre de la OMS, en el Institut Català d'Oncologia y dirige el programa de duelo de La Caixa.

--Los pacientes que llegan ante usted saben que pronto van a morir.
--Sí. Al principio les doy miedo, pero ese temor les dura una hora. Su postura es ambivalente: nadie quiere venir a estas unidades, pero todo el mundo está muy contento de que haya alguien que se ocupe de cómo transcurrirán los últimos días, semanas o meses de su vida.

--¿Qué les ofrecen ustedes?
--Aquí todo está orientado a que la muerte --que, como dijo Miquel Mar- tí i Pol, es "un asunto personal"--, suceda en coherencia con los valores de cada cual. Pero, para que puedan ocuparse de los aspectos espirituales o trascendentes, antes hemos de tratar su enfermedad y reducir el dolor y la ansiedad que les provoca.

--¿Esos valores trascendentes no se tratan si no se acerca la muerte?
--La mayoría no lo hace. Incluso cuando están muy graves, no siempre son capaces de poner sobre la mesa el tema de si su vida ha tenido sentido o hacia dónde van. Como dijo el poeta Francesco Petrarca, "un bel morir tutta una vita onora", una buena muerte honra la vida. Te mueres como has vivido. Si siempre has ocultado una parte de lo que ocurre en tu vida o no has tenido unas relaciones sanas y pacíficas, cuando mueras reflejarás lo mismo.

--Hay culturas que cuidan la muerte.
--Sí, pero la nuestra no. En las unidades de cuidados paliativos intentamos poner las condiciones para que cada cual aborde el tema si quiere, pero no siempre sucede. Y se ha de respetar. Mi objetivo es que el enfermo pueda morir en paz, pero no soy el responsable de su paz.

--¿La sanidad intenta suplir, al morir, lo que antes hacía la religión?
--Pasar bien esa etapa no depende de si se es o no religioso. La espiritualidad no surge de la religión, sino de los valores de cada cual. La religión católica, de hecho, es la tradición que menos tiene en cuenta la muerte. Dejó de hacerlo hace un siglo y, desde entonces, vivimos en un gran delirio de prepotencia, ocultando el deterioro humano. Los musulmanes han integrado la muerte más que los católicos. Y los budistas la tienen totalmente presente durante la vida.

--¿Prepotencia?
--La medicina ha creído que lo curaría todo y que seríamos olímpicos, casi inmortales, pero eso no es verdad. Hemos escondido el sufrimiento y eso ha causado más sufrimiento. El único objetivo de la sanidad ha sido curar, pero la humanidad sigue siendo mortal al 100%, aunque lo intente ocultar. Yo pretendo aliviar.

--¿Cree que la muerte se oculta?
--Sí, claro. Los niños no van a los entierros. En nuestra cultura, la muerte se esconde como si fuéramos seres omnipotentes, y también se ocultan todos los mecanismos de apoyo y los rituales que antes nos ayudaban a superar una muerte. Por ejemplo, el duelo y su expresión formal, el luto.

--¿Qué función tenía?
--Era un mecanismo de consuelo colectivo: cuando alguien vestía de negro o llevaba una corbata negra, todo el mundo le preguntaba qué le había pasado: él se explicaba y el otro le daba el pésame. El luto por los muertos era un sistema de apoyo social incomparable, y sería bueno recuperarlo. Ya hay proyectos para promover el luto. O vistiendo de negro o llevando un pin que se identificará con la idea de la ausencia.

--¿Los enfermos que atiende quieren saber cómo están de graves?
--No, no. Hay quien no quiere saber nada de su propia muerte. Nosotros comunicamos, no informamos. La información es unidireccional: yo le digo a usted si tiene cáncer, como hacía antes la medicina paternalista. Yo no le diré a nadie que tiene cáncer hasta saber si quiere tener esa información, si la puede digerir y si tiene apoyo emocional.

--¿Su objetivo es alargarles la vida?
--No. Nosotros recibimos a los enfermos seis meses antes de morir (eso se calcula con los parámetros del pronóstico). Mi propósito no es alargar ni acortar ese plazo, sino reducir el sufrimiento y procurar que tengan una buena experiencia en una situación de enorme vulnerabilidad.

--Reducir el dolor con fármacos que adormecen o sentir dolor pero no perder consciencia. ¿Qué eligen?
--El nivel más elevado de una buena muerte es la que sucede en paz y sin perder la consciencia. Es lo máximo, pero la mayoría pide disminuir el dolor aunque eso implique que les disminuirá la consciencia. Lo que no quieren es sufrir, y eso se suele identificar con no sentir dolor. Algunos enfermos, no obstante, no quieren pasar dormidos el poco tiempo que les queda de vida. Hace poco, un se- ñor se quejó: "Me quedan cinco días de vida y ayer dormí 24 horas, un 20% de mi tiempo. No me lo vuelvan a escamotear así", nos dijo.

--¿Qué es la muerte?
--¡Ah! ¡Una parte de la vida! Nada más. Es algo totalmente natural. Morimos porque vivimos y vivimos porque morimos. La muerte es una enfermedad de transmisión sexual, que se llama vida. Es broma.