"¿Crisis? En África toda la vida están en crisis y la gente sonríe"

Dani Carbonell, líder del grupo catalán Macaco, presenta nuevo disco, 'Puerto Presente' en el que se han refugiado voces como la del actor Javier Bardem

Dani Carbonell, líder de la formación Macaco, habla de su nuevo disco como "una escala", quizá la más conseguida "de mi vida marinera". Una vida marinera que empezó ahora hace diez años en las Ramblas de Barcelona cuando Dani y sus amigos, venidos de distintos puntos del planeta, convivían en una casa de la calle Escudellers expuestos a sonoridades y creaciones que hacían de la mezcla un arte natural más. Carbonell no esconde los golpes que le ha dado la vida, algunos por intentar pensar de una forma distinta, otros por confiar su suerte en manos de alguna multinacional, y muchos otros por excesos. Así que decidió hacer su propia película, producirse sus canciones y ponerse como principal objetivo hacer temas que puedan recordarse con el paso de los años y que estén vestidos con dos de sus máximas vitales en esto de la música, "menos es más" y "fusión sin confusión". Con su nuevo disco, Puerto Presente, reivindica el placer de vivir al día y de inyectarle a la mirada una buena dosis de optimismo, aunque estemos en tiempos críticos. Para ello cuenta con las voces de algunos colaboradores de lujo como son los actores Javier Bardem y Alberto San Juan, o la del periodista Jon Sistiaga.

-¿Por qué cree que nos cuesta tanto vivir al día, disfrutar del presente?
-A mi muchas veces me sigue costando, se me hace difícil quitarme los lastres del pasado, especialmente si son chungos. Sí son buenos creo que deben seguir siempre ahí, mola recordar las cosas buenas que te han pasado. Olvidarse de las cosas es muy complicado, lo que sí que podemos hacer es intentar colocarlas en un sitio, donde digas, vale, eso está ahí, me sucedió y no fue bueno, pero ya está. Muchas veces también nos empeñamos en proyector excesivamente el futuro y nos olvidamos de cambiar el presente. Todas estas cosas son las que me digo en mis canciones porque soy aprendiz de vida, no soy maestro de nada (Sonríe).

-Digo yo que en su caso, como el de muchos músicos que empezaron a tocar en la calle, aprender del pasado sí que ha sido toda una lección de vida…
-Sí, por supuesto. Pero la experiencia es algo que te puede privar de cierta frescura en el mundo de la música. Por suerte, ese no ha sido mi caso, porque cuando presento un disco estoy como un niño con zapatos nuevos. También me han pasado muchas cosas malas, especialmente a nivel personal, la vida es dura, y al final todo es una cuestión de actitud. Yo prefiero ver el vaso medio lleno y es lo que recomiendo a todo el mundo.

-Se ha autocalificado en muchas ocasiones como un marinero. ¿Qué significado tiene para este músico con vida marinera la imagen del puerto presente que reivindica en su nuevo trabajo?
- Un puerto es un lugar donde vas y donde llegas. Lo que mola es llegar siempre al presente, al aquí y ahora. No lo digo en el sentido Carpe diem, de vivir esta noche como si fuera la última, no. Lo que yo digo es que cada uno en su vida disfrute de su día a día. Si le das la vuelta a las cosas que parecen negativas todo es más bonito, se vive con más intensidad y coges el optimismo y la sonrisa como bandera.

-Ahora navega contra viento y marea. ¡Estamos en crisis Dani! Seguro que se lo recuerdan más de una vez…
-Sí, pero es algo que me hace bastante gracia. ¿Crisis? África lleva toda la vida en crisis y la gente sonríe. A lo mejor es que nos han impuesto excesivas necesidades y lo que tenemos que hacer es aprender a vivir de otra forma. En mis canciones reivindico lo sencillo. Tener un coche o una cosa de puta madre quizás te cuesta un trabajo enorme, que luego te hipoteca y que arrastras como un lastre toda tu vida. A lo mejor puedes tener menos cosas, pero puedes sentarte con tus colegas a tomar algo en una terraza y disfrutar mucho más.

-Si una fórmula predomina en su música es la de "menos es más", eso ha quedado claro desde el primer disco hasta el último. ¿Qué pasito da usted con este nuevo trabajo?
-Esta pregunta me gusta mucho, quiero reivindicar que yo voy hacia la canción, quiero transmitir sentimientos, que las canciones lleguen a la gente. Intento mantener esta esencia durante todo el camino, que ni la producción ni el estudio esté por encima de lo que es la esencia de la canción. Cuando a John Lennon le preguntaban, ¿cuál es la próxima revolución en la música? Él contestaba, una buena canción. Yo hago música popular, mis canciones son como cabañas en las que estoy muy a gusto. Los rascacielos los dejo para gente como Paco de Lucía, que sí que son grandes virtuosos.

-¿Un artesano de la música?
-Sí, me gusta mucho esta palabra. Me gusta la música echa a mano, mis canciones nacen de melodías del pasado que estuve componiendo a base de guitarrita y voz, en hoteles, autobuses, aeropuertos…Después sí que me meto en mi estudio, que es muy pequeño, pero me siento muy a gusto y trabajo todas las horas que quiero. Entonces es donde hago este trabajo de artesano al que te refieres, y que no significa poner muchas cosas, al contrario, es probar cosas para sacar muchas cosas y al final ver qué es lo que necesita la canción.

-Llegamos a su segunda máxima, fusión sin confusión. ¿El exceso de fusión musical en Barcelona nos ha acabado confundiendo?
-Cuando murió Franco hubo una generación por encima de la mía que se fijó mucho en lo anglosajón. Cuando no te dejan ver lo que está pasando fuera, quieres ver. Con el paso del tiempo la gente se dio cuenta que aquí habían cosas como la rumba catalana, el flamenco, etc. Nosotros hemos crecido escuchando rock anglosajón o hip hop, pero tampoco podemos dar la espalda a estas raíces. Cuando existe un equilibrio, en forma de buena canción, todo esto tiene sentido. Hace unos años yo también la cagué, y enganchaba pedazos de estilos en un mismo sitio, y no tenía sentido, eso no es fusión. Al final es, la canción me llena o no me llena, y tiene que salir de forma natural, este es el futuro. Creo sinceramente que la gente que mezcla por mezclar se equivoca, pero bueno, vive y deja vivir que dicen (Sonríe).

-¿Le gusta que le presenten como un referente del mestizaje musical?
-Todas las músicas nacen de otras músicas, no existen las músicas puras. El flamenco mismo viene de la música árabe y de la india. Hoy en día hay mucha más comunicación y todos los viajes musicales son mucho más rápidos. Lo del mestizaje, pues me da bastante igual, es una etiqueta más. Yo creo en las canciones que son las que perduran en el tiempo.

-En todos sus discos ha contado usted con colaboraciones de lujo, pero lo de este Puerto Presente es tocar el cielo. Javier Bardem, Alberto San Juán, Kira Miró. ¡Esto sí que es fusión sin confusión!
-Sí, pero puedo decir lo mismo de todos los que han colaborado también en otros discos, como Lamari de Chambao, que es una tía cojonuda, como artista y persona, o Muchachito que es muy amigo mío. Lo que sí que es cierto es ninguno de ellos, ni los pasados ni los de ahora, han cobrado un duro para estar. Son grandes estrellas, y mejor personas. Todo esto se ha dado por casualidad. Cuando yo llegué al estudio con estas canciones, estaban ya hechas en un 90%. Al ser un disco marinero, decidí utilizar en el scratch, narraciones de estos artistas, con voces particulares, que fueron grabados en vinilos. Scratchear a Bardem fue un honor, creo que el tío tiene una voz muy marinera (Sonríe).

-¿Cómo se pasa de la calle a los grandes escenarios de Europa? Suerte, perseverancia, casualidad, talento…
-Te puedo hablar de mi caso particular. De adolescente tuve mi época hardcore y llegamos a fundar un grupo con el que tuvimos una mala experiencia con la discográfica Sony. Desde ese momento, decidí editármelo yo todo. Sabía lo que era un grupo de mucha gente decidiendo la misma cosa y fue cuando dije, yo voy a trabajar con muchos músicos pero para hacer mi peli. Hay mucho ego en la música. Fue la época en la que yo vivía en la calle Escudellers, en un pequeño hostal que luego se convirtió en una casa ocupa, con músicos de todo el mundo, también estaba Juanlu que fue el fundador de Ojos de Brujo. Cada uno en su habitación grababa millones de cosas, teníamos toda la casa cableada (Sonríe). Era un momento en el que no teníamos ganas de currar en un bar ni en nada porque no nos dejaba tiempo para hacer música, así que muchas veces tocábamos en la calle o en el metro. Me lo pasaba muy bien, nos lo pasábamos de puta madre y tenía para comprar mis frijoles en el Romescu. Por la noche nos hinchábamos a porros, y también hacíamos trapicheos con hachís.

-No es una vida muy sana, y sé que usted se acabó dando cuenta de ello. ¿Qué percibe ahora en la mirada de los músicos que, como usted en esta etapa de desfase, han hecho de la calle su lugar de trabajo?
-A veces me dan mucha pena, especialmente cuando les quitan instrumentos, que es una cosa que yo también he vivido. Recuerdo estar detenido en la comisaría de La Rambla, peleándome con la Guardia Urbana, ese día nos hincharon a palos. Yo no soy radical en nada. Si el ayuntamiento hace una iniciativa tan buena como el bicing, le felicito. Cuando dijeron de convertir el Fórum en un sitio de encuentro entre diferentes culturas también me pareció una gran idea. Pero si quieres ser tan multicultural y coherente, ¿por qué cierras los bares donde se junta la gente que está haciendo cosas con solera? Todos estos garitos están cerrados, la mayoría por las quejas de los vecinos. En lugar de hacer eso, el ayuntamiento debería dar dinero a esos bares para insonorizar sus locales.

-Radical no sé, pero reivindicativo lo es un rato…
-Me considero una persona que habla de lo que le sale del corazón. No me gustan los radicalismos, ni en el mundo alternativo, ni en el comercial. Como digo en una canción, "no cantaré a lo que desconozco, sólo de lo que entró en el fondo, como el poso del vino que bebí"…

-Como diría cierto entrenador simpático, "no haze falta decir nada más"…
-(Ríe) Exacto. Como mucho, escuchar la canción Tengo del disco.