"Ahora se busca más persuadir que convencer"

Josep Maria Vila. Trata a quien intenta recuperar el habla que perdió por una enfermedad, y a los profesionales que no se expresan como querrían. Ejerce en la Universitat Ramon Llull.

--Cada vez tienen más trabajo.
--Es que la comunicación cada vez preocupa más. Antes, si un accidentado perdía el habla, o si alguien quedaba sin voz tras una embolia, se asumía que no volverían a hablar. Ahora no. Y las personas sanas cada vez necesitan comunicarse mejor. La OMS considera que la pérdida de capacidad de comunicación es una enfermedad, y, ahí, la clave es la voz.

--La clave.
--El éxito de una persona depende de muchos factores, pero el más influyente (al margen de lo que dice) es la calidad de su voz. La voz es una grandísima puerta a la seducción, pero hay que ajustar el registro de lenguaje a la imagen que se quiere dar. Que exista coherencia. Todo eso se puede aprender, pero ninguna técnica decora la incompetencia.

--¿Cómo se ayuda a quien no se sabe explicar?
--Cada persona tiene muchas voces, se trata de saber elegir la óptima para lo que se propone, y sobreponerse a su forma de ser habitual. Atendí a un alto directivo catalán que hablaba con una voz muy fina, aguda y floja, con la que no persuadía. "No tengo una voz que mande todo lo que yo he de mandar", me decía.

--¿La persuasión da autoridad?
--Persuadir es conseguir que el otro haga lo que yo quiero que haga. Diciendo lo mismo, la voz que emplees te puede ayudar o perjudicar. Hay estudios que demuestran que el 70% del mensaje oral no está en el texto sino en la forma como pones la voz.

--¿El contenido pierde importancia?
--Ahora se busca más persuadir que convencer. Los mensajes, de todo tipo, deberían llegar al corazón y al cerebro, pero, en general, solo tocan el corazón. Existe ese desequilibrio. Y si persuades más que convences con razones caes en la demagogia.

--¿Es distinta la expresión de políticos de izquierda y derecha?
--Cada ideología tiene un estilo comunicativo propio. El político conservador limita más la voz y la entonación, busca palabras con connotaciones seguras. El de izquierdas elige palabras que tienden hacia el deseo o los sueños. Pero ahora todo eso se está pervirtiendo: los nuevos publicistas cruzan esas claves, de forma que el contenido conservador se expresa de forma progresista, y los de izquierdas al revés. Si no, solo convencen a los ya convencidos.

--¿Existen límites?
--El que comunica, el orador, debe partir del principio ético de no hacer daño. Después, la población escogerá el discurso más bonito. Ese es el secreto de los grandes locutores de radio que crean opinión.

--¿Hay voces que crean opinión?
--Sin duda. Esas personas tienen una voz interesante: cálida, de frecuencia grave, pausada, aterciopelada, que da sensación envolvente, con ritmo lento pero con buenas curvas de entonación, para que la audiencia no se le duerma, ni apabulle. Esas voces atraen, llevan a la audiencia a su red sonora, y cuando la tienen sujeta, introducen ideología que va directa al corazón.

--¿Al corazón se llega antes por la voz o por la imagen?
--El sentido más primitivo, el que toca más las emociones, es el olfato, y en segundo lugar el oído. El cerebro del feto capta la audición desde la semana 20 de gestación, mientras que lo visual le llega mucho más tarde. Las emociones se desatan más con la palabra que con la imagen, pero, por encima de ambas está el olfato. Dentro de muy poco, veremos publicidad y películas con olores. No imaginarios: los sentiremos.

--¿Qué profesionales atiende?
--Políticos, empresarios y periodistas audiovisuales que han de adaptar la voz a un nuevo objetivo: el locutor que lleva años haciendo un informativo matinal y le encargan un programa nocturno de tema psicológico. Una misma noticia no suena igual de día que de noche.

--¿Qué tal hablan los políticos?
--No quiero entrar en terreno resbaladizo. En Catalunya, tenemos un presidente con más poder de convicción racional que dotes de seducción emocional. Y un vicepresidente que habla con unas dificultades de articulación que, deduzco, ha decidido no corregir. Lo mismo le ocurre al presidente del primer partido de la oposición en España.

--¿Esa articulación les perjudica?
--Sin ella tendrían más éxito. Es una dislalia que no impide que se les entienda, porque se les entiende perfectamente, pero el oyente, en el primer momento, se fija en la dificultad, y se distrae. Esa pequeña merma les resta capacidad de comunicación, pero tal vez han decidido hacer de eso su imagen de marca.

--¿Ser bilingües nos favorece?
--Sin duda. Nos da más recursos. El conflicto llega con el purismo: cuando se intenta que el idioma prevalezca sobre el hecho de comunicar. Las lenguas catalana y castellana se han enriquecido mutuamente, y así seguirán. Ya sé que otros dirán que se han empobrecido mutuamente.