Un poquito de optimismo

Aun a riesgo de parecer cínica, es de obligado cumplimiento ser optimista ante esta crisis

Susana Quadrado | squadrado@lavanguardia.es |

Leo esta mañana (ayer para ustedes) con una inusitada voracidad que Wall Street ha dado un giro optimista después de que la Reserva Federal de Estados Unidos haya decidido recortar los tipos de interés. Por fin, tras varias semanas de contundentes caídas, una buena noticia.

Un bálsamo reparador para la abollada economía mundial y quién sabe si un soplo de confianza para las familias. En los últimos meses la palabra crisis ha ido colándose tozudamente hasta llegar al comedor de casa. Una suerte de psicosis colectiva, acompañada de cierto malestar social, se ha apoderado del ambiente. Seguro que esta crisis financiera es grave y que todavía no le hemos visto el final, pero ante una buena noticia es de obligado cumplimiento ser optimista. Aun a riesgo de parecer cínica.

Confieso que soy de las que, hasta ahora, los domingos tiraban el suplemento económico de los periódicos. Tampoco había leído al gurú Paul Krugman... Pero de un tiempo a esta parte -desde que la crisis es crisis, sin camuflaje semántico- cierta mala conciencia y esa psicosis que no es ajena a nadie han hecho que me familiarice con los activos tóxicos, los bonos basura, el rescate bancario o... ¡las subprimes!

Un tipo habitual en las secciones de Economía es Mark Gottfredson. Dice de él la revista Consulting Magazin que es uno de los 25 consultores más importantes del mundo. Para Gottfredson, las crisis generan oportunidades que las empresas deben saber aprovechar. "El buen directivo se anticipa al cambio. Los periodos de recesión son momentos excelentes para que la gerencia se fije en los costes y haga los recortes necesarios", atizó Gottfredson en Madrid días antes de que se conociera que el paro en España alcanza ya al 11,3% de la población activa. Puestos a ser optimistas, esta crisis debe ayudar a las empresas a encontrar soluciones creativas, eliminar la competencia que no ha sido eficaz y reinventarse.

Desde el punto de vista estrictamente social, la actual situación pondrá en valor los recursos personales de cada uno. Si antes recurríamos a un técnico para que nos resolviera un problemilla doméstico, ahora puede que intentemos arreglarlo solos. La jerarquía de valores sobre el dinero también ha empezado a cambiar, y ya estamos deshabituándonos -también nuestros hijos- del impulso consumista. Cuenta Francesc Torralba, de la Universitat Ramon Llull, que estamos avanzando hacia el fin de la llamada sociedad de la eyaculación precoz con un nuevo consumo más responsable, más sobrio. Además, la crisis debe fomentar una creatividad menos dependiente de las ofertas del mercado, tanto en el ocio como en el trabajo.

"Estamos mal, pero menos mal que estamos", ha dicho un político socialista esta semana. No es Shakespeare, pero me sirve.