Sumar años sale rentable

El entorno y el estilo de vida influyen más que la dieta para envejecer con calidad | Las diferencias en esperanza de vida se miden ya entre barrios de ciudades

Si hubiese sabido que iba a vivir tanto, me habría cuidado más". Lo dijo, al pasar de los cien años, el músico de Blake y la frase cobra mayor relevancia en un mundo donde la esperanza de vida no para de aumentar. Como cada día que pasa gana también más protagonismo la gerontología cultural, una disciplina que apuesta por cambios sociales para un envejecimiento con calidad. En Lleida se han reunido recientemente 150 expertos de todo el mundo en el primer simposio celebrado en el sur de Europa sobre esta materia, muy estudiada en los países nórdicos. Durante esas jornadas se defendió que la sociedad, en contra de las teorías que relacionan gente mayor con gasto, puede sacar un beneficio económico al progresivo aumento de la esperanza de vida.

"El día tiene 29 horas"

Tom Kirkwood, director del Instituto para el Envejecimiento y la Salud de la Universidad de Newcastle, cuenta los días por horas. Y le salen veintinueve. Es lo que se gana, cada veinticuatro horas, en esperanza de vida. "Es evidente que esas horas de más que tiene el día no las podemos gastar de forma inmediata. Hay que guardarlas y pensar que ya las gastaremos más tarde", afirma este gerontólogo.

Kirkwood cuenta que la esperanza de vida empezó a aumentar de forma progresiva y a ser tenida en cuenta en el año 1800. "Aunque hay datos que nos hacen pensar que este salto se dio cien años antes en Gales, con la aristocracia", revela. El hecho de que aquellos nobles viviesen más es otro ejemplo de la importancia que tiene el entorno y estatus socioeconómico en esa gráfica que marca los años cumplidos por las diferentes sociedades.

Este médico del Reino Unido califica de error la lectura que se ha hecho hasta ahora del proceso de envejecimiento. Aboga por romper con afirmaciones como que "hay un límite programado", "envejecer es una mala noticia", "ese proceso sólo afecta a la gente mayor" o, la más fatalista de todas, que dice que "el aumento de ancianos es una carga para todo el mundo".

Esta opinión, tan extendida, es la que provoca después "una discriminación hacia la gente mayor". Kirkwood pone un ejemplo: "En un programa de televisión se ríen de una tenista, que fue una campeona en su etapa joven, por el simple hecho de que se ha hecho mayor". Si ese comentario jocoso hecho en un medio de comunicación fuese por una cuestión de raza "habrían saltado todas las alarmas, pero como era por una cuestión de edad no pasó nada", indica el gerontólogo.

Hay muchos otros ejemplos de la discriminación por razón de edad, que apenas levantan rechazo entre la sociedad. Kirkwood critica también portadas de periódicos con titulares que se preguntan abiertamente "si esta sociedad puede permitirse el lujo de tener a tantos ciudadanos longevos".

Insiste en que el error radica en el hecho de pensar que el incremento de la esperanza de vida - que ahora se acerca a los dos años por cada década- "es una mala noticia". La discriminación hacia la gente mayor se acrecienta por las normas de un sistema que jubila a trabajadores cuando aún son productivos. "Hace ya cien años que se fijó la edad de 65 como la de jubilación y eso sigue así a pesar de que en este último siglo la esperanza de vida ha aumentado veinticinco años", critica este médico inglés.

Kirkwood adelanta que en el Reino Unido se acaba de elaborar un estudio que mide el "capital mental" de los trabajadores. La conclusión es que ese valor - con la actual calidad de vida- aumenta con los años "pero se tira directamente a la papelera con las jubilaciones tan tempranas".

La longevidad creciente suele plantearse como una mala noticia. Y eso es un error, asegura Tom Kirkwood, director del Instituto para el Envejecimiento y la Salud de la Universidad de Newcastle. Kirkwood fue uno de los ponentes del simposio sobre gerontología cultural y tiene un discurso que rompe esquemas. Hace más de 30 años que investiga y trabaja en temas relacionados con el envejecimiento y asegura que la sociedad aún no se ha dado cuenta de que el aumento de la esperanza de vida es rentable.

Y puso como ejemplo un estudio realizado en Chicago, entre los años 1970 y 2000. "La conclusión fue que conforme crecía el número de gente mayor aumentaban los beneficios para la sociedad aportados por ese colectivo". Este médico habla de billones de dólares. ¿Cómo se gana ese dinero? "Buena parte de ese beneficio se obtiene de trabajos no remunerados, pero que si no los hiciese ese colectivo tendrían que pagarse", dice Tom Kirkwood. "Llevar a los nietos a la escuela y ayudar en otras tareas familiares o participar en programas de voluntariado son sólo algunos de los trabajos que aportan beneficios a la sociedad", añade este médico. Y si la esperanza de vida aumenta con calidad, esas tareas - para las que habría que contratar personal- se prolongan en el tiempo.

La premisa de la que parte Kirkwood para explicar el proceso de envejecimiento supone también una novedad. "El cuerpo no está preparado para morir, sino para sobrevivir", asegura. "Lo que ocurre con un organismo - añade- es lo mismo que pasa con lo dibujado o escrito en una hoja, "que fotocopiamos una y otra vez". Cada vez cuesta más ver las letras o la ilustración. El secreto está en saber envejecer. Este experto en gerontología cultural admite que seguir unos hábitos saludables ayuda a sumar años con calidad, pero recalca que hay otros factores - además de la dieta o el ejercicio- que tienen un papel importante en prolongar la esperanza de vida.

El profesor de la Universitat de Lleida Brian Worsfold indica que los factores biomédicos "aunque tienen mucha importancia, sólo sumarían el 20% del total de las causas que influyen en un envejecimiento con más o menos calidad". El resto afecta a otros factores, la mayoría relacionados con el entorno o modos de vida. Vivir en un barrio donde hay poca actividad u ofertas de ocio, un trabajo en condiciones precarias o la falta de programas sociales son algunas de esas circunstancias que a la larga pasan factura. Y ahí es donde tiene fijados sus principales objetivos la gerontología cultural.

La prueba está en estudios como el que se ha hecho en Glasgow. La esperanza de vida es 28 años mayor entre barrios que sólo están separados por una distancia de 13 kilómetros. La apuesta por el bienestar de los ciudadanos es lo que marca la gran diferencia en la esperanza de vida entre el barrio donde se vive más y aquel en el que la gente muere antes. "Ejemplos como éste demuestran que pequeñas diferencias en los modos de vida entre comunidades con culturas muy parecidas bastan para influir en una vida más o menos longeva", afirma Worsfold. Lo habitual es comparar la esperanza de vida entre países pobres y ricos. Con esta vara de medir la Organización Mundial de la Salud ha constatado, por ejemplo, que una mujer de Japón vive una media de 42 años más que una de Lesoto.

Pero estudios hechos en una misma ciudad han constatado que el estatus socioeconómico o la cultura resultan, también, determinantes en esas diferencias en esperanza de vida entre grupos separados por muy pocos kilómetros. "Una persona con pocos recursos suele adolecer también de una falta de educación sobre hábitos saludables. Estudios hechos en el Reino Unido han demostrado que la gente mayor que vive en zonas mal comunicadas y con poca actividad acaba padeciendo el mal que ocasiona ese ambiente, donde se dan más casos de depresión y otros problemas relacionados con la salud", revela Kirkwood. "Esta realidad debe ser tenida en cuenta por los gobiernos, ya que las políticas globales no solucionan el problema. Las actuaciones deberían ser más personalizadas y centrarse en aquellos barrios o territorios donde se ha detectado que se vive menos", aconseja Worsfold.

Lo peor que se puede hacer, ante este progresivo incremento de la esperanza de vida, "es caer en el fatalismo", añade Kirkwood. Y también pensar que el hecho de que haya cada vez más gente mayor sólo contribuye a un aumento del gasto necesario para su atención. Kirkwood vuelve a romper esquemas con su teoría: "Cumplir más años tampoco implica un incremento en el gasto en sanidad". "Si la esperanza de vida no aumentara, el sistema seguiría gastando lo mismo en atención médica", afirma. Y defiende que "en caso de enfermedad terminal el dinero invertido para curar a un joven es superior al que se gasta con una persona mayor".

La humanidad nunca había sido tan vieja como ahora. En el 2000 había en el mundo 600 millones de mayores de 65 años. En el 2050 se llegará a los 2.000.